Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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sábado, 3 de agosto de 2013

CHILOECHES: LA CAZA DEL GUARDA



CHILOECHES: LA CAZA DEL GUARDA  

   En término de Chiloeches se desarrolló en la madrugada del miércoles 9 de septiembre de 1930 un trágico suceso del que fue víctima el guarda jurado Inocente B. C., que trabajaba en la finca de la Azequilla propiedad de D. Higinio Madrazo, marqués del Valle de la Colina.
   Ese miércoles salió de casa a eso de las tres de la madrugada para recorrer la finca en su propia yegua sin que se supiese más de él hasta que a eso de la media mañana regresó la yegua a la casa de los guardeses de la finca, sola y con manchas de sangre, lo que desató en la familia todas las alarmas.
   Avisados los criados, uno de ellos fue a dar el parte correspondiente a la Guardia civil de Azuqueca, mientras el resto se disponía a salir en búsqueda de Inocente, a los que se unieron algunos vecinos, y cuando llegaron, los mismos guardias.
   Siguiendo las pisadas de la yegua llegaron al monte de Las Laderas, donde advirtieron rastros de sangre que conducían al barranco denominado Los Huertos, donde en su fondo se descubrió el cadáver, siendo conducido a Chiloeches donde se le practicó la autopsia, presentaba tres heridas de bala, una en la espalda y dos en el vientre, además de múltiples magulladuras en la cabeza.
   Tras las primeras averiguaciones e interrogatorios en el pueblo en torno a quien podría ser el autor del crimen, todas las voces señalaban a una familia de cazadores furtivos apodados Los Pardos, concretamente los hermanos Tomás, Francisco y Saturio R., así como un cuñado de estos llamado Felipe C. S., que no tardaron en ser llevados al cuartelillo, aunque no tardó en saberse que Francisco no se encontraba con sus hermanos, por lo que fue puesto en libertad.
   Los otros tres pasaron a ser interrogados, negando su participación en el suceso, a pesar de que conforme fue avanzando el interrogatorio, o mejor dicho “estrechados a preguntas” acabaron por declararse autores del crimen.
   Los tres, conociendo que en la Azequilla, que hasta días antes del suceso contaba con dos o tres guardas, se había quedado únicamente Inocente B., se fueron a cazar con hurones al monte de Las Laderas, imaginando que nadie les molestaría, hasta que apareció Inocencio, entonces fue uno de los Pardos le disparó por la espalda, ya en el suelo otro lo hizo en el vientre y el tercero le golpeó la cabeza con la culata de la escopeta del guarda. Luego tiraron su cadáver al barranco.
   En el juicio oral, celebrado en la Audiencia de Guadalajara en febrero de 1931 se calificó el hecho como atentado contra la autoridad con resultado de muerte, solicitando la acusación tres penas de muerte, mientras que el Ministerio Fiscal lo calificó de homicidio, rebajando la pena a los 20 años de cárcel. Por su parte la defensa solicitó la absolución de Tomás y de Felipe, admitiendo para Saturio, que se declaró único autor de la muerte, doce años de prisión.
   La declaración de Saturio, además, exculpaba a su hermano y al cuñado: Dijo que cuando se hallaba cazando con hurón se presentó el guarda recriminándole por el acto que estaba realizando, al propio tiempo que intentó arrebatarle dos conejos.
   Como quiera que Saturio se resistiese a entregárselos el guarda le dirigió una grave ofensa y comenzaron a forcejear hasta que el cazador, viendo la superioridad física de su contrincante emprendió la huída, y al volver la cabeza cuando llevaba andado un buen trecho advirtió que Inocente le apuntaba con la carabina. Entonces Saturio le disparó, ocasionando al guarda una herida en el hombro que dio con su cuerpo en tierra. Después de haberlo herido sintió lástima y le vendó la herida, pero como vio que su estado era muy grave prefirió evitarle el sufrimiento disparándole de nuevo en el estómago y arrojando después su cuerpo al barranco.
   Por supuesto que no era la primera vez que Inocencio tenía un encuentro parecido con los Pardos y su cuñado, ya que era por todo el pueblo conocido que se dedicaban a la caza ilegal, una manera, como otra cualquiera, de contribuir a las necesidades de las familias, con la venta de los conejos que atrapaban. También era conocida en la comarca la dureza con la que eran tratados los cazadores ilegales que penetraban en La Acequilla, y las denuncias y amenazas que Inocencio había repartido. De no ser los Pardos pudiera haber sido cualquier otro el que, en un momento determinado, hubiese terminado con su vida, según las declaraciones.
   Los informes de los peritos contaban el suceso de otra manera: Los disparos se habían hecho de abajo a arriba, luego el guarda iba montado a caballo cuando los recibió; aparte de que la yegua llegó con manchas de sangre, que no se le hubiesen producido de no estar el guarda sobre ella cuando fue herido. Además, desde el lugar en que Saturio dijo haberle disparado, hasta el barranco, había una distancia imposible de salvar con un cadáver como el del guarda, de gran corpulencia, por una persona como Saturio, por lo que necesitó ayuda de los otros.
   A pesar de todo, y a falta de pruebas, el jurado admitió la confesión de Saturio, quien fue el único condenado, a 20 años de cárcel.

Tomás Gismera Velasco