Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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jueves, 8 de agosto de 2013

CILLAS: CRIMEN DE RONDA



CILLAS: CRIMEN DE RONDA

   Rondaban en Cillas dos grupos de mozos al anochecer del 14 de diciembre de 1900 cuando Marcelino T., mozo también, y de carácter pendenciero les salió al encuentro para impedirles que siguiesen la ronda, y bien fuese por no tener más líos o por la prudencia impuesta por el Alcalde, dejaron de rondar.

   A los pocos días recibió el juez de Molina la denuncia de que de Cillas había desaparecido el mozo Marcelino T. y que en el pueblo algo sangriento había sucedido, pues en una de las calles había un reguero de sangre que conducía a un campo cercano en el que aparecía la tierra removida, por lo que la familia temía lo peor.
   A Cillas se trasladó el juzgado con la Guardia civil para investigar aquello, resultando que llegados al lugar último a que conducían las huellas, la tierra había vuelto a ser removida, descubriendo lo que allí se encontrase, entonces nada.
   Se detuvo a dos mozos que habían discutido días antes con Marcelino, Cándido I. y Esteban H., como posibles autores de la desaparición y muerte del mozo, e incluso hubo quien se aventuró a decir que después de enterrar y desenterrar su cuerpo en las proximidades del pueblo, lo habían terminado arrojando al pozo de una de las minas próximas a Molina de Aragón, en la de la Torre de Miguel Bon, descansando en ese pozo a unos 40 metros de profundidad.
   Ocho meses tardaron los guardias en arrancar a los mozos la confesión del lugar al que arrojaron el cadáver y de que, efectivamente, ellos eran los culpables, pudiendo finalmente extraer el cadáver de aquel pozo el 17 de julio de 1901, con la colaboración de dos mineros de Checa.
   Ante la evidencia terminaron por confesar su crimen. Lo habían estado acechando hasta que encontraron el momento de terminar con él a puñaladas y por la espalda.
   Fueron condenados a 20 años y un día de cárcel.

Tomás Gismera Velasco