Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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lunes, 5 de agosto de 2013

MIEDES-MADRID: EL CRIMEN DEL SEMINARIO



MIEDES-MADRID: EL CRIMEN DEL SEMINARIO

   La noticia no dejó de sorprender a cuantos la conocieron el día 26 de agosto de 1901: En el Seminario conciliar, que como es sabido está en la calle de la Pasa, ocurrió en las últimas horas de la tarde de ayer, un sangriento suceso.
Según oímos, lo ocurrido fue motivado por causas bien pequeñas. Trataremos de relatar el suceso ateniéndonos á lo que nos dicen. 
A 1as siete de la tarde se presentó en la delegación de la Latina un joven, manifestando que acababa de  acababa de herir a un sacerdote en el seminario.
Como la casa que éste ocupa está enclavada en la delegación de la Audiencia, á ella fue conducido dicho sujeto, acompañado de dos guardias de seguridad.
Ante el delegado Sr. Cadiñanos repitió sus manifestaciones, añadiendo que se llamaba Juan C. C., y que el herido era el sacerdote mayordomo, D. Luís D. P..
Mientras tanto, al gobierno civil llegaba un hermano del declarante, que hizo iguales manifestaciones á los guardias de servicio en dicho centro.
Dióse  aviso inmediatamente al juzgado, presentándose éste acompañado del Sr. Cadiñanos en el Seminario.
En una escalera del segundo piso, próxima á la biblioteca, estaba el cuerpo de dicho sacerdote sobre un charco de sangre. En la puerta de la biblioteca se veían también manchas de sangre. Un médico certificó que D. Luís D.era cadáver. En la espalda tenía clavado un enorme cuchillo de cocina, con el que fue agredido por el seminarista.
En cuanto á la causa y forma de realizar el crimen, parece que ha declarado Juan C. que hace tiempo el mayordomo le reprendía por cualquier motivo. Ayer tarde se presentó Juan, que era fámulo del rector á este señor, y después de expresar sus quejas contra el mayordomo, pidió permiso para salir á paseo.
El rector, según hemos oído, le manifestó que debía presentarse al mayordomo para que este le diera el permiso, á fin de mantenerse dentro de la disciplina debida. Lo hizo así el fámulo, y con tal motivo surgió un nuevo disgusto en ambos. El altercado fue en la habitación destinada á biblioteca.
Salió de ésta Juan, y dirigiéndose á la cocina, cogió un cuchillo, sin que nadie lo notara, y dirigióse de nuevo al indicado sitio. Al llegar allí estaba cerrando la puerta el señor D., y el seminarista le asestó un golpe con la indicada arma en la espalda, echando á correr.
El herido dio algunos pasos, cayendo al suelo al llegar á la indicada escalera. Indudablemente debió en este momento clavarse el cuchillo, que es de dimensiones enormes hasta el puño. El muerto, que solo contaba veintisiete años, era natural de Ciudad Real, y desempeñaba una cátedra de latín en el Seminario.
Según nuestras noticias, era persona de excelentes prendas de carácter y muy estudioso. La carrera se la había costeado el párroco de la iglesia de San Martin Sr. Chacón. En el momento de caer al suelo muerto el sacerdote, promovióse en el seminario la consternación natural acudiendo entre otras personas el gobernador eclesiástico y el rector. Estos señores y el hermano de Juan prestaron declaración ante el juez Sr. Moya.
Este magistrado selló las habitaciones particulares del mayordomo, y dispuso que fuese llevado el seminarista, sin comunicación a  la Casa de Canónigos.
Pocos momentos después de ocurrir el suceso y comentarse entre los vecinos de las calles contiguas al seminario, enteróse de lo que ocurría una hermana del agresor que es sirviente en una casa próxima.
La infeliz muchacha salió á 1a calle dando grandes gritos, teniendo que ser auxiliada por algunas personas.
Juan C. C., que como .ya hemos dicho confesó su delito, cuenta veintitrés años de edad y es natural de Miedes (Guadalajara).
  El juicio fue seguido con un gran interés. El fiscal de la Audiencia de Madrid calificó el hecho del seminarista de homicidio, con la circunstancia atenuante de arrebato y obcecación, solicitando de la Sala se impusiera al procesado la pena de doce años y un día de reclusión e indemnización de diez mil pesetas a la familia de la víctima. 
   Tras tres jornadas en las que se tomaron declaraciones a testigos, forenses y peritos, el juez emitió su sentencia condenando a la referida pena  de doce años a Juan Corral catalina.

Tomás Gismera Velasco