Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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sábado, 10 de agosto de 2013

TORDELLEGO: ¿QUIÉN MATÓ AL CURA?



TORDELLEGO: ¿QUIÉN MATÓ AL CURA?

   El cura de Tordellego, D. José Gonzalo, fue asesinado el lunes 6 de septiembre de 1897 en un rebollar existente en el camino entre Tordellego y Adoves. Su asesino debió de esperarle en un recodo, con intención de robarle, disparándole un tiro de escopeta que le entró un poco más abajo del costado derecho saliéndole por la ingle izquierda.
   No conforme con ello, su asesino, una vez el cura en el suelo, lo remató con un cuchillo cortándole la yugular.
   El cura había salido de Adoves a las seis y media de la mañana, dirigiéndose a Tordellego con intención de decir la misa, para después regresar otra vez a Adoves donde debía bautizar a una sobrina. Por el camino, según se cuenta, se encontró con una mendiga, más como esta caminaba despacio decidió pasarla con su cabalgadura, recibiendo la muerte a los pocos momentos, pues casi seguidamente la mendiga lo halló cadáver.  A las voces de la mujer pidiendo auxilio acudió un pastor que se encontraba por las proximidades.
   Nadie vio ni escuchó nada más. Y nada se supo de quien pudo ser el asesino. Y a pesar de que se detuvo a un buen número de personas de los pueblos aledaños, el caso quedó sin resolver.

Tomás Gismera Velasco

MUCHOS AÑOS DESPUÉS
   Muchos años después de que aquello sucediese, alguien comenzó a rebuscar entre viejos papeles, buscando la verdad de lo ocurrido.
   Me cuentan, pasado el tiempo, algo que no contó la prensa de la época. Que se detuvo a un presunto culpable, y que un inocente pagó con ocho años de cárcel por aquel delito, y pudieron ser muchos más, incluso pudo ser la muerte. Era la justicia de la época, la del caciquismo, la de quienes creían estar por encima de los demás.
   Pocos días después de ocurrido el asesinato se detuvo, efectivamente, a varias personas de Tordellego y de los pueblos del entorno, y con una testigo falsa, la mujer que pedía limosna, se condenó a un hombre inocente al que únicamente pudieron probarle la veracidad de tener un arma de fuego, porque era guarda de monte. Pero todas las fuerzas, políticas y religiosas querían un culpable, como resultado a una venganza del cacique comarcal.
   A aquel hombre, injustamente, se le condenó a morir lentamente en prisión, y a su familia a morir lentamente padeciendo las consecuencias de que aquel hombre estaba en prisión.
   Muchos años después un  sacerdote escuchó, en secreto de confesión, lo realmente ocurrido con el cura de Tordellego, Quien confesaba era quien le disparó. Se pidió al obispo la preceptiva licencia para romper el secreto y acudir a la justicia, pero el obispo...
   El falso acusado salió de la cárcel, libre pero sin revisión del caso, ya que entonces no lo contemplaba la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que entendía que la ley no cometía errores y por ello no rectificaba, en caso similar al sucedido con los reos de Mazarete.
   Hoy, quienes investigan aquella muerte, descendientes del falso culpable, conocen toda la verdad, también yo, porque me la han contado, y conocen quien fue el autor del disparo que acabó con la vida del cura.
   A ellos, que no a mi, corresponde dar cuenta del nombre. No tardará mucho, el tiempo, a pesar de todo, a cada uno nos pone en nuestro lugar, por mucho que que quienes se amparen en el poder para ejercer la justicia, piensen otra cosa.

Tomás Gismera Velasco