Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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viernes, 2 de agosto de 2013

TÓRTOLA: EL CRIMEN DEL HUEVERO



GUADALAJARA: CRÓNICA PARDA.

LOS SUCESOS QUE SACUDIERON AL PUEBLO.


TÓRTOLA: EL CRIMEN DEL HUEVERO

   En la carretera de Tórtola, casi a las puertas de una población tan culta como Guadalajara… (contaban las crónicas de la época).
   Pues allí fue asesinado un pobre viejecito, un honrado trabajador que se dirigía a la feria de Hita, llevando consigo una cantidad de dinero que debía de rondar los diez o doce duros.
   A las ocho de la mañana del viernes 29 de septiembre de 1905 una vecina de Tórtola que caminaba por la carretera descubrió el cadáver de aquel hombre pobremente vestido que representaba más de cincuenta años, dando cuenta inmediata del hallazgo, y haciéndose cuenta del caso el juez del partido, Sr. Sainz de Baranda.
   A las pocas horas de haberse descubierto el cadáver parece que al dueño de la posada de San Andrés se le presentó un hombre dándole cuenta de que había presenciado el asesinato, y que podría reconocer al asesino, un vecino de la población llamado Celestino S., el Pincho.
   El dueño de la posada, Simón Dombriz, en lugar de guardar silencio, se marchó a Guadalajara a dar cuenta del caso, entró en el café de las Columnas, en la calle Mayor, y como viese allí a un cabo de la Guardia Civil, a aquel le contó lo que le habían contado en secreto.
   El cadáver presentaba un tiro en la cara, que se la había prácticamente desfigurado, siendo identificado como Pedro B., a quien llamaban Periquillo el Huevero, quien desde años atrás se venía dedicando al comercio de huevos y gallinas. Era natural de Luzón y tenía 56 años de edad. El día de su muerte había salido de Guadalajara con intención de llegar a Hita y comprar allí huevos que después vender en Guadalajara.
   Celedonio, que no se ocultó, fue inmediatamente detenido en su domicilio, trasladándose a la cárcel de Guadalajara, donde quedó incomunicado.
   El supuesto asesino, Celestino S. tenía unos 28 años y era natural de Aranzueque. Trabajaba en Tórtola como criado en alguna que otra ganadería, pues los oficios no le duraban demasiado. Todas las pruebas que había contra él eran las de que se le había visto junto al Huevero, y que pareció que discutía con él, y que después en Guadalajara había comprado unas alpargatas en la tienda del Valenciano marchando después a Chiloeches, donde compró una liebre que se comió en el camino con unos carreteros amigos.
   A primeros de marzo de 1906 fue juzgado Celestino S. en la Audiencia de Guadalajara, asistido por su abogado, Miguel R. J..
   Del relato de los hechos resultó que aquél 29 de septiembre Celedonio se unió al Huevero al pasar por Tórtola, diciéndole que también él iba a Hita, y al llegar al sitio conocido por La Llana le disparó un tiro ocasionándole la muerte con intención de robarle lo que llevaba encima, que una vez registrado ascendió a 55 pesetas.
   El Fiscal calificó el hecho como homicidio en despoblado con premeditación y abuso de fuerza, pidiendo para el asesino la pena de muerte. El defensor pidió 17 años, 8 meses y un día.
   Celestino  fue encontrado culpable de todos los cargos por los que fue juzgado, sin que se le apreciase ninguna eximente.
   Fue condenado a muerte, aunque en la revisión del proceso ante el Tribunal Supremo de Madrid se rebajó la condena a la cadena perpetua.

Tomás Gismera Velasco