Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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jueves, 1 de agosto de 2013

UMBRALEJO: EL CRIMEN DEL HIJASTRO



GUADALAJARA: CRÓNICA PARDA.

LOS SUCESOS QUE SACUDIERON AL PUEBLO.

UMBRALEJO: EL CRIMEN DEL HIJASTRO

   El 9 de agosto de 1931 fue hallado en una poza del río Sorbe, en término de Valverde de los Arroyos, el cadáver de Ambrosio E. R., de 32 años de edad, y vecino de Umbralejo.
   El cadáver fue descubierto después de que se encontrasen las ropas de un hombre a la margen del río, sin que el hombre apareciese por parte alguna, por lo que al rastrear las cercanías fue encontrado flotando sobre el agua, aparentemente ahogado.
   Sin embargo la autopsia delató que tenía un fuerte golpe en la cabeza, y que cuando cayó al agua estaba ya muerto, por lo que la Guardia civil de Atienza, y más concretamente el jefe de línea, Aniceto Hita, comenzó a hacer las indagaciones pertinentes en la población. Donde encontraron que corrían rumores de las malas relaciones habidas entre el difunto y su familia. Interrogada esta, uno de sus hijastros, Claudio M. B. de 17 años, se confesó autor de la muerte, por lo que fue detenido.
   La causa de la muerte fue que en una acalorada discusión, y de forma accidental, le había dado un golpe con un garrote, ocasionándole la muerte, y asustado por el suceso trató de disimularlo echándolo al agua para que pareciese un ahogamiento.
   El juez de Atienza, ya que fue trasladado a la cárcel de aquella villa, a la que Umbralejo pertenecía, tras escuchar su declaración ordenó igualmente la detención de la esposa del difunto, y madre del autor de dicha muerte, Francisca B. R., como encubridora, si bien más tarde resultaría que fue la verdadera instigadora del encubrimiento arrojándolo al río, pues ella había sido, según las confesiones del hijo, quien planeó aquella parte de la historia. La mujer fue puesta en libertad unos días después, cuando se comprobó que no había tenido nada que ver en el asunto, y tan sólo trataba de defender al hijo.
   En el juicio oral el joven Claudio, siguiendo el consejo de su abogado, García Campos, negó haber matado a su padre, si bien reconoció que habían discutido y que le propinó el golpe en la cabeza después de que su padrastro lo abofetease, después se marchó y apareció en el agua… La mujer nada sabía.
   Intervinieron en el juicio siete peritos médicos que testimoniaron la imposibilidad de que hubiese muerto por ahogamiento, y la verdadera realidad de que cuando llegó al agua ya se encontraba muerto. Terminando Claudio M. por relatar la verdad de lo sucedido: Habían discutido en el campo, el padrastro lo abofeteó y él, en un arrebato…
   Las penas a las que ambos se enfrentaban superaban los veinte años de cárcel, si bien para Claudio se pedía la perpetua.
   El jurado exculpó a la mujer, que quedó inmediatamente en libertad, determinando que fue el hijo quien ocasionó la desgracia, sin intencionalidad, y aunque la pena le fue rebajada notablemente después de los informes periciales, fue condenado finalmente Claudio M. B. a 8 años y un día de prisión.

Tomás Gismera Velasco.