Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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domingo, 13 de octubre de 2013

GASCUEÑA DE BORNOBA: LA PUNTA DE LA PIZARRA




   Mal, muy mal comenzó el siglo el pueblo de Gascueña de Bornoba, enclavado a las faldas del Alto Rey. Sobre todo por las malas querencias que existían entre algunos vecinos y el secretario municipal, Vicente Llorentemil, a su vez, y como solía suceder en muchas poblaciones, sacristán de la iglesia.
   Vicente Llorentemil, cuando sucedieron los hechos que nos ocupan, llevaba más de veinte años ejerciendo aquellos cargos en la localidad. En Gascueña habían nacido sus numerosos hijos y allí se había labrado el futuro como ganadero y cultivando alguna pequeña porción de tierra.
   También es cierto que había tenido roces con algunos vecinos, y que su actuación había llegado incluso a la justicia. Años atrás, sirviendo los mismos cargos en el vecino pueblo de Semillas, la justicia lo condenó al pago de una buena porción de reales al entonces cura de aquella población, José Teresa Momblonata, parece que apropiados de forma ilícita, y reconocido por el propio Llorentemol. Tiempo después el pleito fue con un vecino de Zarzuela, por el impago de una capa que le compró, y así fue acumulando deudas y pleitos, unas veces en solitario y unas en compañía de su esposa, Genara Peñasco.
   Antes de llegar a Gascueña había desempeñado en Sigüenza el cargo de Investigador de Bienes Nacionales y Perito Tasador del Partido, cargo del que igualmente, y por irregularidades en el desempeño de sus labores, fue separado del puesto, con posteriores reclamaciones judiciales.
   También en Gascueña tuvo la costumbre de comprar sin pagar, y de manejarse con el tiempo de servicio como si el ayuntamiento fuese de su propiedad. En unos cuantos años eran pocos los vecinos del pueblo que no tenían alguna queja contra él, mientras que Llorente tenía a los vecinos bajo su mando, puesto que quien no había cometido una infracción de caza la cometió de corta ilegal de leña.
   Todo acabó el 14 de mayo. Cuando Vicente Llorentemil se dirigía a la iglesia para tocar a oración, en las cercanías de la iglesia, situada a las afueras del pueblo, le estaba aguardando uno de sus vecinos, Jacinto Somolinostro, con quien mantenía deudas y pleitos.
   Jacinto reclamó una vez más lo que le pertenecía, y como Vicente Llorente le diese las largas de costumbre, agarró Jacinto una pizarra y con ella lo acometió, produciéndole una herida en la cabeza mortal de necesidad.
   Jacinto escapó, pero aún pudo llegar a su casa Vicente tambaleándose, y antes de morir anunciar a una de sus hijas

-El Jacinto me ha matao...

 Falleció, pero cuando era cadáver al pueblo llegaba el juzgado de instrucción y la guardia civil de Atienza, dispuestos a detener al culpable, que fue trasladado a la cárcel de la villa.
   Jacinto fue juzgado en Atienza el 10 de septiembre, y sentenciado a 12 años de prisión.

Tomás Gismera Velasco