Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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martes, 8 de octubre de 2013

MOLINA DE ARAGÓN: EN EL PUENTE DEL CHORRO



MOLINA DE ARAGÓN: EN EL PUENTE DEL CHORRO

   El 17 de junio de 1895, en Molina de Aragón, junto al puente del Chorro, se encontraban en amigable conversación cuatro vecinos de la población, entre ellos Gregorio Menés, cuando acertó a pasar por el lugar un quinto hombre, también molinés, de nombre Marcos Ortiz y a quien en el pueblo apodaban “El Moro”.
   Marcos les dio los buenos días, deteniéndose junto a los otros, y haciendo ademán de continuar su camino, sacando un cuchillo de debajo de la camisa comenzó a apuñalar a Gregorio Menés con tal saña que los otros nada pudieron hacer por impedirlo y, cuando se quisieron dar cuenta, Menés se encontraba tendido en el suelo, desangrándose, y El Moro corría despavorido, hasta perderse por las callejas.
   A Gregorio lo llevaron a su casa agonizante, mientras la Guardia Civil se hacía cargo de las primeras diligencias, buscando a Marcos Ortiz por toda Molina, sin que sus afanes diesen resultado.
   De las averiguaciones que se llevaron a cabo se supo que El Moro, escapando de Molina, se detuvo aquella misma tarde en la posada de Tierzo, donde se merendó un par de huevos fritos, y como la noticia de lo sucedido en Molina aquella mañana ya fuese conocida por la comarca, le preguntó el posadero si había oído hablar de ello. El Moro se hizo el sordo y con el pretexto de ir a comprar tabaco dejó la posada sin dejar rastro.
   No era la primera vez que Marcos Ortiz cometía delito semejante, pues acababa de salir de presidio, donde había estado preso por espacio de 19 años, después de haber cometido un hecho similar, en aquella ocasión, a un sobrino de quien ahora acababa de matar.
   Todo, al parecer, era producto de la venganza, pues había sido Gregorio Menés quien señaló a Marcos Ortiz como la persona que apuñaló al sobrino, y por ello pagó preso.
   Del Moro nunca más se supo. Aunque se detuvo a quien le había facilitado la cercanía al difunto, su primo Bonifacio Ortiz quien, poco tiempo después acabaría muerto por las puñaladas con que le pagó su cuñado el alquiler.

Tomás Gismera Velasco