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jueves, 10 de octubre de 2013

RAZBONA: HISTORIA DE UNA FOTO



RAZBONA: HISTORIA DE UNA FOTO

   El pueblo de Razbona fue protagonista, allá por 1932, de una de esas fotos que han dado la vuelta a España y pasado a pertenecer al patrimonio fotográfico de Guadalajara, a través de la cámara de Tomás Camarillo.
   La foto en cuestión, en muchas ocasiones confundida, suele ponerse como ejemplo de la pobreza de las gentes de Razbona, cuando la verdad es que el propio autor de la misma, Tomás Camarillo, quiso dejar con ella la reseña de la valentía y desprendimiento de un pueblo que acudió en masa a rescatar a unos infelices automovilistas que procedentes de Guadalajara, tuvieron en su término municipal un trágico accidente que les costó la vida.
   Casualmente Camarillo se encontraba allí, para dejar reflejo gráfico de lo ocurrido, aunque también la prensa de la época lo reflejó, el suceso tuvo lugar el 27 de noviembre de 1932:
   Tres estimados convecinos nuestros (de Guadalajara), en la plenitud de la vida, y cuando gozaban del afecto de todos, por sus merecimientos y por su honradez acrisolada, han sucumbido de una manera trágica al estrellarse en el fondo de un barranco el automóvil en que regresaban de una cacería.
   Próximamente a las seis de la tarde cuando el coche pasaba por el kilómetro 27 de la carretera de Guadalajara a Tamajón, guiado por su dueño el admirado artista D. Carlos Santisteban, al tomar una curva el vehículo rompió un malecón precipitándose por un terraplén de 36 metros y cayendo al fondo del barranco denominado El Chorrillo de la demarcación de Razbona.
   Iban en el coche, además de su dueño, el comisionista don Emilio Salazar, el industrial don Pablo Mayor y el portero de la Delegación de Hacienda, D. Jesús Alonso.
   Advertidos del accidente varios vecinos de Razbona acudieron presurosos al lugar del suceso y a la luz de unas antorchas pudieron comprobar que eran cadáveres los señores Salazar y Mayor y que los otros dos ocupantes del automóvil se encontraban heridos de gravedad.

   Con este motivo, y acompañando su obra gráfica, escribió Tomás Camarillo:
   Razbona, este es el nombre de un insignificante lugar de esta provincia, tan pequeño que tiene que estar agregado a otro pueblo, pero no por ello hay que considerarlo en todos sus aspectos como tal.
   Hace unos días dio una gran prueba de grandeza, de espíritu y de corazón, haciéndose merecedor de figurar en el cuadro de honor de los pueblos meritorios de la provincia de Guadalajara.
   La persona del alcalde pedáneo, D. Fernando Palancar Magro, acudiendo a prestar auxilio a unos desgraciados que habían sufrido el más grave accidente que puede ocurrir con un automóvil, se agranda cuando ya de noche y oscura como la boca de lobo, es el primero que después de salvar todos los peligros que ofrece el barranco del Chorrillo, allá en lo más profundo, en la poza, llega cerca de los heridos y les da sus consuelos de salvación que inmediatamente se verifica con la prestación voluntaria de todo el vecindario, que iban llegando como buenamente podían, ayudados de farolillos, cuerdas y escaleras; pero su figura se agranda más cuando tiene que ocuparse no sólo de los accidentados del auto, sino de los que faltos de ánimos caían desmayados ante el horroroso cuadro que veían.
   Hay otras figuras muy interesantes, como la maestra doña Regina Vieja Alcorlo, que tan pronto como se dio la noticia de alarma en el pueblo por los que primero sintieron las voces de auxilio, Máximo y Gregorio Magro Soria, corrió veloz sin reparar en peligros, y acercándose cuanto le permitían los altos y picachos del barranco, gritaba con toda la fuerza de sus pulmones palabras de consuelo a los caidos, dándoles esperanzas de un rápido auxilio de todas las gentes del pueblo como enseguida lo hicieron.
   En la casa de esta humanitaria maestra, como en la del alcalde, quedaron en ropas y colchones las huellas de cuanto allí pusieron a favor de los heridos.
   También los pastores Ricardo García “Mellizo”, y José de la Cruz “El Porra”, este sexagenario, son figuras sobresalientes pues como se hacía dificilísimo el poder escalar el barranco con los cuerpos inermes de los que socorrían, tuvieron necesidad de poner sus espaldas debajo de las escaleras y en posición de cuatro pies aguantar el peso hasta lograr la cúspide ansiada.
   Muy meritoria también la labor de todos los vecinos que se disputaban la ayuda más eficaz para poder lograr el fin que se habían propuesto y la de los médicos don Urbano de la Cruz y D. Pedro Maín que acudieron con la mayor diligencia a prestar los servicios que su deber requería.
   Terminaba Camarillo pidiendo para el pueblo al completo un reconocimiento, o al menos que desde el Gobierno civil se les remitiese una carta de gratitud.
   La historia de una foto, en la que aparecen gentes humildes de aspecto, pero grandes de corazón.

Tomás Gismera Velasco