Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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sábado, 26 de octubre de 2013

SIGÜENZA: ¿ASALTO AL TREN CORREO 45? ¿QUÉ ASALTO?





   Cuando el tren correo número 45 se puso en marcha en la estación de Sigüenza con dirección a Madrid el día 2 de diciembre de 1897, nadie podía suponer que durante una buena temporada sería el protagonista involuntario de que, a lo largo del trayecto que el ferrocarril recorrió entre Sigüenza y Madrid, decenas de personas se paseasen por los alrededores de la vía férrea, por si la suerte les favorecía.

   Es el caso que al llegar el ferrocarril a Madrid, los responsables del correo echaron en falta una caja de caudales con los fondos recaudados de la venta de billetes del mes anterior. Caja de caudales y dinero en su interior que el factor de la estación de Sigüenza, señor Bazán, debió de entregar según costumbre a los mozos del correo que permanecían en el tren. Pero la caja no estaba.

   Inmediatamente se telegrafió a Sigüenza desde Madrid, comunicando a Bazán la desaparición de la caja. Bazán advirtió que la había entregado en forma a quien debía custodiarla, mientras los otros lo negaban, sospechándose que hábilmente los empleados de correos la habían ocultado para quedarse con su preciado tesoro. A fuerza de indagatorias finalmente confesó Bazán que no, que la caja no la entregó en mano, sino que la dejó en el estribo del vagón en el momento en que el tren iniciaba la marcha.

   Aún así, el señor Bazán, como último responsable, puso denuncia por robo de la caja de caudales ante la Guardia Civil y juzgado de Sigüenza, contradiciéndose en sus declaraciones, pues dijo que la caja llevaba valores por mil seiscientas dieciocho pesetas, mientras que el arqueo oficial decía que debería de llevar 7.650 con 20 céntimos.

   A pesar de ello, Bazán detalló el contenido: un billete de cincuenta pesetas; ocho de veinticinco y el resto en plata y calderilla.

   Por ir en al estribo supusieron que, de ser cierto, puesto que nadie dudó de Bazán, la caja de caudales debió de caer junto a las vías antes de llegar a Baides. La Guardia Civil, miembros del juzgado y de la compañía de ferrocarriles recorrieron a pie el trayecto entre Sigüenza y Madrid revisando los alrededores de las vías sin encontrar nada, y en Sigüenza durante algún tiempo los industriales tenían órdenes de registrar el nombre del propietario de los billetes de 50 y 25 con los que algo se podía pagar. Pues se tenía registrada la numeración de los desaparecidos.
   Ni de la caja, ni de su contenido, volvió a tenerse noticia. ¡Ah! Por si acaso. Se trataba de una caja de hierro, de media vara de larga y como de un palmo de ancha. La cerradura era como un botón dorado, con un agujerito para el precinto y con un asa de hierro en uno de los extremos del largo… Si alguien la tiene…

Tomás Gismera Velasco