Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

jueves, 21 de noviembre de 2013

ARGECILLA: EL CRIMEN MISTERIOSO



Sucedió a finales de noviembre de 1897, si bien los forenses no pudieron concretar la fecha exacta, pues cuando encontraron el cadáver de Gregorio Marmatínez de la Torrecilla, el Morrazos, se encontraba en avanzado estado de descomposición.

   El Morrazos era vecino de Ledanca, y rondaba los sesenta años de edad. Apareció en el término de Argecilla, en el camino, sin que pudiese averiguarse algo más en torno al suceso. Al principio se pensó en un asalto para robarle, pero no lejos del lugar en que fue hallado se encontraba la borrica en la que solía viajar, y sobre la borrica las alforjas con todas sus pertenencias.

   Tenía tres grandes navajazos que le habían interesado el corazón, produciéndole una muerte casi instantánea.

   Por toda la comarca se intentó averiguar algo relacionado con aquella muerte, tratando la Guardia civil del puesto de Mandayona dar con el asesino o los asesinos de Gregorio, algo que resultó imposible, dirigiendo la mirada hacía Brihuega, pues algunos rumores hacían pensar que de Brihuega pudiera haber salido el presunto criminal.

   En Brihuega, unos años antes, en 1891, y junto a su primo, Nicolás Valmallejo, había sido juzgado por la muerte de un tercero, Nicolás de la Torrecilla, del que el Morrazos salió con una leve condena.

   El Valmallejo, huido a Madrid, conforme se pensaba, no pudo ser detenido entonces. Ahora, en el misterioso asunto de la muerte del único testigo de aquel suceso, todo hacía pensar en un ajuste de cuentas.

   El caso quedó sin resolver.

   Tomás Gismera Velasco.