Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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domingo, 3 de noviembre de 2013

ATIENZA-BRAOJOS: LA CUADRILLA DEL FRANCHO




   La España del siglo XVIII y parte del XIX, fue pródiga en bandoleros que actuaron, mayoritariamente en las serranías, asaltando a quienes se encontraban por los caminos.

   La sierra de Madrid fue una de las de mayor fortuna para los bandoleros, puesto que el tránsito en dirección a la capital por parte de personas procedentes de las provincias del Norte era continúo. Así que se asaltaban transeúntes, diligencias, comerciantes  y, en suma, todo cuanto podía generar un mínimo ingreso en las arcas del ladronicio.

   La competencia alcanzaba límites insospechados, por lo que las propias partidas de bandoleros tenían que defenderse entre si los unos de los otros para limitar su radio de acción y que el enemigo no se metiese en su campo.

   La cuadrilla del Francho actuaba en el límite de las actuales provincias de Guadalajara y Madrid, adentrándose en ocasiones en la de Segovia.

   No hubiera pasado a la historia de la provincia de Guadalajara, y no la traeríamos a estas páginas, de no haber asaltado la casa de una atencina ilustre, doña Francisca Veladíez y Ortega de Castro (de los Veladíez atencinos de toda la vida), con casa en la actual calle de Sánchez Dalp y capilla en la iglesia de la Trinidad.

   Doña Francisca se había casado con un hacendado rico de la población de Braojos, y allá se trasladó a vivir, quedando viuda y marchando a vivir con ella una sobrina, María Josefa Fernández Manrique.

   Una buena noche de febrero de 1794, Braojos se despertó al ruido de los disparos de los trabucos de la partida del Francho entrando en la casa de doña Francisca.

   Los bandoleros retuvieron a ambas mujeres, conminando a doña Francisca a entregar todo lo que tenía de valor, aunque los ladrones se llevaron algo más. De la casa desaparecieron todas las joyas, la plata, el oro, las mejores ropas y una mula en la que cargaron lo robado.

   Pocos días después fueron detenidos los asaltantes:

   Francisco Ortiz, alias Francho, oriundo del reino de Navarra, contrabandista de oficio y jefe de la partida. 


  Juan el Murciano; Nicolás el Bilbaíno; El Sapo; Benigno Serrano, natural de la villa de Uceda (Guadalajara); Antonio Vara, casado, torero a caballo que fue en la villa de Madrid; Domingo Menéndez Vega, soltero, chocolatero, natural del lugar de Acellana, concejo de Salas, en el principado de Asturias. Manuel de Hita, viudo, emborrador de lanas de la fábrica de la ciudad de Guadalajara, natural y vecino de la villa de Torrejón de Velasco. Cipriano Riaño, soltero, trabajador del campo, natural del concejo de Valdeburón, diócesis de León, residente en la villa de Madrid y Bartolomé Hernanz, casado, labrador, vecino del lugar de Piñuécar y Sacristán de su iglesia parroquial y residente en la casería de Vellidas, jurisdicción de la villa de Buitrago.

   El final de la partida, para los tiempos que corrían, es fácil de imaginar.

Tomás Gismera Velasco