Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

sábado, 9 de noviembre de 2013

ATIENZA: CORTE DE PELO A REVÓLVER



    Así podría titularse nuestro suceso. Ocurrido en la plaza Mayor de Atienza el 11 de octubre de 1886.

   A la peluquería de Antonio Gil llegó el sábado 11 de octubre de 1886 el oficial de la Guardia Civil, Lucas Masmartínez, presumiendo de uniforme y armamento.

   La peluquería, por ser víspera de fiesta se encontraba llena de un público atento a cortarse sus barbas y arreglarse sus melenas para la función de la Virgen, y aunque cumplidamente algunos de quienes aguardaban turno se prestaron a que el oficial pasase por delante de ellos, por aquello del respeto a la autoridad, el oficial decidió aguardar el turno que le tocaba, agradeciendo cumplidamente la deferencia.

   Pero el tiempo de espera, que no siempre resulta ameno, hizo que nuestro oficial comenzase a aburrirse. A aburrirse y a jugar con sus armas. Alguno de los asistentes le reprochó aquello, por el temor a que el arma se llegase a disparar y el tiro, como se suele decir, le saliese por la culata, por aquello de que las armas las carga el diablo, por mucho que Lucas dijese que se encontraba descargada.

   Uno de aquellos, perdida la paciencia, le dio un manotazo al guardia, con intención de apartar de su cara la pistola con la que le apuntaba, con tan mala fortuna de que la pistola, aparentemente descargada y con todas las seguridades, soltó su lengua de fuego y lo alcanzó de lleno.

   Al suelo rodó el arma, con tan mala fortuna de que a los porrazos contra el firme, la pistola volvió a dispararse tres o cuatro veces más.

 El resultado fueron cuatro heridos de bala que fueron a parar al hospital de la villa, y un muerto, que lo fue al cementerio.

   Se juzgó al Guardia por imprudencia, pero no se le consideró culpable de homicidio, sino que se le eximió de mayores responsabilidades, aunque quedó suspendido de sus funciones.

   La justicia de entonces…

Tomás Gismera Velasco