Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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jueves, 21 de noviembre de 2013

GALVE DE SORBE: EL ASUNTO DEL MOLINO DE ABAJO



   Muchas veces se comentó por la comarca de Galve y Cantalojas lo del asunto del Molino de Abajo.

   Fue un triste suceso protagonizado por un joven pastor vecino de Galve, Juan Garciómez Marmitín, en el mes de marzo de 1897, el día 15. Juan era pastor de cabras, y vigilaba su rebaño, además de con garrote en mano, con escopeta al hombro, pues cuando sucedieron los hechos no era infrecuente que por los alrededores rondasen los lobos, los zorros e incluso algún que otro indeseable capaz de llevarse, al menos descuido del pastor, unas cuantas cabras, o sus crías.

   En las cercanías del molino de Abajo, situado en término de Cantalojas pastaban las cabras de Juan, y como este advirtiese que había gente extraña en aquel, se dirigió con el cuento de saludar al molinero, a curiosear quién se encontraba con él. Resultaron ser parientes del molinero que desde Cantalojas se habían acercado a saludarlo, y allá estaban las tres visitas junto al molinero, quien vivía en el lugar junto a su hermana, una muchachona a la que ya se le pasó la edad de casamiento, puesto que contaba con 45 años de edad. María, así se llamaba, era sordomuda de nacimiento.

   Allá bromearon todos en cuanto al tiempo, el campo, y el disgusto que a Juan le había ocasionado el que las cabras hubiesen cruzado el río y se hubiesen adentrado en las tierras del molino. Sin que causase al molinero mayor disgusto y, como prueba de ello, invitó al pastor a echar un trago de vino. Dejó el pastor la manta y  el zurrón sobre el suelo, echó el trago y dispuesto a reanudar el camino, se colocó nuevamente sobre los hombros todos los bártulos de los que se había desprendido.

   De pronto, un disparo de la escopeta que trataba de colgarse en bandolera hizo retemblar el edificio. Y al momento, ensangrentada y desvanecida, vieron todos a la pobre María…

   Juan no se dio cuenta de que, al embozarse la manta, esta se había enganchado al pistón de la escopeta y al tirar de la manta…

   A todos causó una tremenda impresión. También por los pueblos del entorno, pues molinero y pastor eran conocidos, tanto por su honradez como por andar de un lugar a otro con sus negocios.

   Fue juzgado en Atienza. El jurado consideró que todo fue un accidente. También a favor de aquello, del accidente, declararon los testigos.

Tomás Gismera Velasco