Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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viernes, 15 de noviembre de 2013

ZARZUELA DE JADRAQUE: EL CRIMEN DEL OBISPO




   En Zarzuela de Jadraque tuvo lugar el hecho sangriento que alborotó al pueblo y a los vecinos en la noche del 30 de septiembre de 1897.

    Al llegar al pueblo el 2 de octubre y llegar a casa de su amo, Lázaro Navascues Ortegano, la criada descubrió que era cadáver. Se encontraba junto a la cama, muerto a causa de varios golpes y totalmente cubierto de sangre. Alguien, a lo largo de la noche de autos, lo había asesinado, aunque el suceso no fue descubierto hasta su llegada. Lázaro, de 65 años, era viudo y vivía sólo. Aquel día la criada había solicitado permiso para trasladarse a Guadalajara También a Lázaro se le suponía poseedor de una mediana fortuna, objeto del asesinato.

   La casa se encontraba totalmente revuelta, y la puerta de entrada descerrajada, por lo que no quedaban muchas dudas de cual había sido el móvil del suceso.

   La voz cantante la llevó su vecino Gregorio Navascues, el Obispo, quien pareció dirigir la operación en la que también participaron Florencio Cerradacalda y Manuel Martínmar. Los dos últimos sacaron a Lázaro de la cama, el Obispo le exigió el dinero y como el anciano les entregase lo que estaba a su mano, el Obispo le replicó aquello de:

   -Eso es poco!

   Al no encontrar nada más, el propio Gregorio, mientras los otros lo sujetaban, rebanó el pescuezo de Lázaro con la navaja que llevaba en la mano.

   Las sospechas, y los antecedentes, condujeron a los tres detenidos, que fueron entregados a la justicia de Atienza el día 4 de octubre. Desde Atienza se había desplazado el juzgado y la Guardia civil, no tardando aquellos tres en confesarse autores del hecho, en cuyo poder se encontró lo robado.

   Mediante escolta de caballería, y a pie, salieron de Zarzuela en dirección a Atienza, buscando el camino por los alrededores de Hiendelaencina para atravesar las montañas. Al llegar cerca de uno de los muchos pozos mineros abiertos en la zona, Gregorio Navascues el Obispo salió corriendo y cuando se quisieron dar cuenta los guardias, se arrojó a uno de aquellos pozos. De él pudo ser extraído al cabo de las horas, aunque ya sin vida.

      Fueron juzgados en la Audiencia provincial de Guadalajara los días 10 y 11 de noviembre de 1898, y durante el juicio quedó probado que los tres, Manuel Martínmar Navascos, Gregorio Navascos Perumacha y Florencio Cerradamada proyectaron el robo de Lázaro Navascues Ortega a lo largo de la noche de aquel 30 de septiembre.

   Los acusados confesaron haber sido los autores del hecho. Relataron como habían entrado en la sala y encontrado al viejo durmiendo. Lo despertaron a golpes, lo bajaron de la cama y mediante amenazas consiguieron que les dijese el lugar en el que escondía todo su capital.

   Salieron de la casa llevándose su “fortuna”, después de dejarlo en el suelo de la sala ahogado en sangre, con un pañuelo en la boca, para que no gritase, y el cuello seccionado. En los bolsillos se llevaban su dinero, 83 céntimos. Al dinero, por lo escaso, añadieron algunos detalles más, tres calzones, una anguarina, un par de panes y tres libras de tocino. Lo robado fue tasado en 36 pesetas.

   Manuel  y Florencio fueron condenados a la pena de muerte, por garrote.

   Por Real Decreto del 10 de julio de 1899 les fue conmutada la pena de muerte por la de cadena perpetua.

Tomás Gismera Velasco