Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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miércoles, 9 de abril de 2014

COGOLLUDO: LA BANDA DEL QUINCALLERO



   Serían las cuatro y media de la tarde del 6 de junio de 1850, cuando de Cogolludo salió un tendero llamado Antonio Espejeleta que acostumbraba a ir al mercado que en la ducal villa se venía celebrando desde tiempo inmemorial todos los sábados, le acompañaba uno de sus hijos, de doce o catorce años, y se dirigían, desee Cogolludo, una vez hechos los apaños correspondientes, a Membrillera, lugar del que eran vecinos. Una legua, de las de entonces, distanciaba ambas poblaciones.

   Montados en una mula, y con la mercancía adquirida, con intención de revenderla en su pueblo, a eso de la media legua de distancia del lugar de salida, y media también del de la llegada, se vieron sorprendidos por la imprevista visita de los salteadores de caminos, tan frecuentes en la época. Se trataba de una cuadrilla compuesta por cuadro hombres, y quien la comandaba montaba a un elegante caballo castaño, y fue este quien les dijo lo de: ¡Tente quieto!

   Lo dijo en singular porque el hijo de nuestro buen Antonio poco antes de llegar al punto del encuentro se había desmontado, por dejar descansar al animal y se había orillado del camino para atarse la alpargata, que se le había soltado. El chaval, cuando quiso ver, había perdido al padre de vista, pero se encontró con que un pastor se encontraba atado a un árbol, que había sido previamente asaltado por los del caballo castaño. También, al poco, rodearon al muchacho y frente al pastor lo dejaron, atado también. Sin que del pabre Antonio se volviese a saber.


   No pudieron identificar a los asaltantes porque la cara la llevaban cubierta, al uso de aquel tiempo, con un paSIGUE EL RELATO EN :
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ñuelo que únicamente les dejaba los ojos a la vista. Por los ojos, y por alguna muestra más de la cara que