Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

domingo, 12 de octubre de 2014

COLMENAR DE LA SIERRA: TODOS A UNA



   El 3 de junio de 1902 tuvo lugar el juicio en el que se procesó a más de una veintena de personas de Colmenar de la Sierra en lo que fue conocido como “La causa de Colmenar”

   A veinticuatro concretamente ascendía el número de procesados, que supuestamente, habían tomado parte en la muerte violenta del guarda particular de la condesa de Santiago en su finca de Montes Claros, el guarda era Francisco G.C.

   La causa adquiría caracteres de letra de imprenta en la prensa ya que, aparte del número de procesados, intervenían en ella importantes espadas de la defensa letrada nacional:

   “La circunstancia de haber sido encomendada la defensa de los procesados al eminente jurisconsulto D. Nicolás Salmerón y Alonso, hizo despertar inusitado interés en el público deseoso de oír la autorizada palabra del gran repúblico”.

   Hay que decir que, a falta de otros medios de entretenimiento, la prensa despertaba interés, y en la prensa el seguimiento de estos procesos mucho más, ya que en el caso debían intervenir peritos de todas clases, incluidos médicos.

   El primer testigo situó el caso:

   “Hizo la historia de la compra de la finca Montes Claros por la actual dueña, la señora condesa viuda de Santiago mediante el pago al contado de la suma de ciento cincuenta mil pesetas, teniendo sus títulos corrientes e inscritos en el registro de la propiedad.

   Dijo que advertido de que los vecinos de Colmenar manifestaban su oposición a la guarda de la finca y realizaban pastoreo abusivo, pretendiendo ejercer ciertos derechos que mermaban el pleno dominio Y ejercicio de la propietaria…”


   De acuerdo con la condesa su administrador, que era quien relataba la historia, contrató a dos guardas jurados para que custodiasen la propiedad. Algo que no fue bien visto por el pueblo, que entendía que aquellas tierras debían de permanecer libres, como hasta entonces lo habían estado. El caso es que uno de aquellos guardas, pocos días después de comenzar su labor, fue hallado muerto.

   Nadie supo cómo, por quienes ni cuándo, si bien se culpó de aquella muerte a medio pueblo, que poco a poco y conforme Las declaraciones fueron llenando los pliegos del sumario se fue reduciendo el número a los que se sentaban ante el juez, sin poder concretar quienes eran los verdaderos responsables.

   El alboroto en la sala fue tremendo cuando los distintos abogados, defensa y acusación, prorrumpieron en sus razonamientos, pidiendo la acusación un aplazamiento, para volver a estudiar el caso, ya que la situación planteada por la defensa ponía en grave riesgo la integridad de la condesa, como acusadora.

   Tras un receso, la acusación sorprendió a la sala con la retirada de cargos, al no haberse podido probar con anterioridad la participación de las personas señaladas en la muerte, y el deseo de que la condesa no fuese a testificar.

   Al momento fueron todos puestos en libertad, y nada más se supo de la muerte de aquel hombre quien, después de todo, fue el inocente culpable de la arrogante decisión del poder del dinero.

   El guarda había sido materialmente “ejecutado”, por un buen número de vecinos de la población, la tarde del 24 de agosto del año anterior en el paraje de la finca denominado Salega del Overa, , el guarda recibió hasta 22 heridas, por disparos, armas blancas, pedradas… Los médicos forenses relataron que alguna de aquellas la recibió cuando ya se encontraba muerto…

   En la refriega el guarda difunto hizo uso de su arma, que alcanzó con un disparo, cuando comenzaba a ser atacado, a un vecino del lugar, la bala le penetró en uno de los muslos, e igualmente lo llevó a la muerte, al mes y medio del suceso. La pierna se gangrenó y de ahí todo lo demás.

   La justicia de unos tiempos en los que la justicia servía a todas las partes, menos a una.

Tomás Gismera Velasco