Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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viernes, 26 de diciembre de 2014

ATIENZA: EL CRIMEN DEL GALEJO



   El día de los hechos, 6 de noviembre de 1881, Félix Mejidina, alias el Galejo, se enzarzó en una áspera discusión con uno de sus vecinos, Francisco Sanjatamera. Ambos residían en el barrio de San Gil, cuyas calles fueron testigos de excepción de la discusión, de taberna en taberna.

   El vino y la juventud, unido a algún que otro extremo en el que salieron a relucir amores por la misma moza, desencuentros familiares y esas fanfarronadas de "yo más que tú",  tuvieron la culpa de que, al final, de las palabras se pasase a las manos y como solía suceder por aquellos tiempos en los que todos los mozos iban armados, de las manos a las navajas.

  Ambos se retaron a duelo, a la puerta de una de las tabernas del barrio, la tío Zorra, por debajo del Arco de Palacio y el griterío del vecindario, a pesar de las altas horas de la noche en las que aquello estaba sucediendo, no se hizo de togar al sentir el forcejeo de uno y otro.



   Nada pudieron hacer quienes salieron corriendo en el intento de frenar la sangrienta batalla, pues las navajas habían encontrado ya el punto.
   Como perdedor quedó Francisco, herido de muerte, mientras Félix Mejidina tomó la calle abajo y sin parar de correr tomó el camino y se echó al monte en la esperanza de que nadie lo encontrase, o a partir de él, salir al mundo. Lo detuvo la Guardia civil poco después de cometer la tropelía, confesándose autor, porque no había otra, y arrepintiéndose de lo hecho, cuando ya no tenía remedio.

   Fue juzgado en la Audiencia del distrito, en la sala de lo criminal, en Atienza, quedando probado el hecho y siendo condenado a catorce años, ocho meses y un día de reclusión, con la accesoria de inhabilitación, imponiéndole una sanción de 1.000 pesetas con las que indemnizar a la familia del difunto. Se le redujo la pena porque, a juicio de algunos testigos, la provocación llegó por parte del muerto y se tuvo en cuenta la defensa del honor y... cosas de su tiempo.

Tomás Gismera Velasco