Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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viernes, 10 de abril de 2015

BUSTARES: UN CADALSO PARA ELIAS



BUSTARES: UN CADALSO PARA ELIAS

   Desde Cañamares subió a Bustares el joven Elías Tomirija para encontrar novia. Probablemente se conocieron en una de aquellas famosas romerías a la montaña sagrada, al Alto Rey, que por aquellos años en los que estos hechos sucedieron, mitad del siglo XIX, reunían a toda la comarca, y a un gran número de vecinos de los pueblos del entorno, desde Atienza, hasta los confines de Segovia.

   Buen mozo, y de posibles, de profesión pastor, con ovejas propias, el joven Elías, tras conocer a la que sería su dama hizo múltiples visitas al lugar. Hasta que comenzaron a torcerse las cosas, el noviazgo se avinagró y la novia se opuso a  continuar la relación y, como es lógico, resultado lo uno de lo otro, no consintió en el matrimonio.

   La novia, Ramona Becinito, a juicio de muchos de quienes conocían las alteraciones de humor y arrebatos de Elías, acababa de firmar, con la negativa, su sentencia de muerte.



   Fue una tropelía que cometió delante de todo el pueblo, en la plaza del lugar, la misma noche del día de la fiesta.

   Ambos se encontraban bailando al son de la dulzaina, como medio pueblo, Elías, después de recibir la negativa, la miró a los ojos, sacó una navaja y allí, en la plaza… Era la tarde noche del 6 de junio de 1862.

   El pueblo quedó impresionado ante la sangre fría del matador quien, navaja en mano, mientras Ramona agonizaba a la vista de todos, trataba de oponer resistencia a su detención, hasta que se abalanzaron hacía él, lo redujeron y lo mantuvieron atado hasta la llegada de la Guardia civil que lo trasladó hasta la cárcel de Atienza.

   Fue sentenciado a la pena de muerte por garrote, y a morir en el mismo lugar en el que cometió el delito, la plaza de Bustares, donde la Audiencia de Atienza, a quien correspondió juzgarlo, ordenó levantar el cadalso.

   Recurrió a la provincial, que confirmó la pena, y de la provincial a la Nacional, que igualmente sentenció que debía de morir de la misma forma pública en la que cometió su delito. En la plaza de Bustares, ante todo el pueblo.

   Fue indultado de la pena de muerte por la reina en la Semana Santa de 1868, a pesar de que la causa continuó con la revisión de la pena, por entender que no era merecedor del indulto, solicitado por la familia.  La revisión de la sentencia se celebró en la Audiencia Nacional, en el mes de abril de 1868, obedeciendo la real orden y confirmando la cadena perpetua que debía de cumplir en el penal de la Gomera.

   Llegó a ser uno de los presos que más tiempo estuvieron en prisión, a pesar de que no llegó a cumplir la totalidad de la pena, debería, según la sentencia, morir en la cárcel.

   Fue indultado, por llevar más de treinta años encarcelado, en el mes de septiembre de 1898. Era ya un anciano, enfermo y probablemente arrepentido de su crimen. No sabemos qué fue de él a partir de su salida de prisión, con algo más de sesenta años de edad, de los que más de la mitad lo pasó encarcelado.

Tomás Gismera Velasco