Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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domingo, 6 de septiembre de 2015

MORILLEJO. El crimen del “Garcés.



MORILLEJO. El crimen del Garcés.
(A Enrique Díaz Martínez, quien lo cantó y me lo envió, debo el romance, que a él le contaron y cantaron para que después lo cantase y contase).

   Las calles de Morillejo fueron el mudo testigo de los amores que un día se juraron eternos entre Mari Cruz y Felipe. Debía de correr, cuando el amor se les escapaba del pecho y ambos se entregaban a los ayes que acompañan el sentimiento, la segunda decena del siglo XX.

   Ella hermosa y él buen mozo. Contrajeron matrimonio allá por el 191… desconocemos el año, y la fecha, es el caso que lo que un día prometía mieles de felicidad, no tardó en torcerse para convertirse en limones amargos.

   Felipe le daba al vino, al juego y… tal vez también, metido en ese mundo en el que todo lo malo sale a flote, a otras mujeres. Las promesas de amor se vieron rotas hasta que un buen día, aquella Mari Cruz que prometió amor eterno en la iglesia de Morillejo a su Felipe, se plantó en jarras y se dijo: ¡Hasta aquí…!

   Debió de ser aquello una liberación para la mujer. Que sacó de la casa familiar al marido y por estar acompañada metió en ella a la hermana. Por estar acompañada y tener en quien refugiarse para el caso de que el Felipe… Suele suceder. A Felipe aquello le sentó como patada en las propias narices, y día a día y noche a noche pasó rondando la casa, mascullando lo de: mía o de naidie…



   En alguna que otra ocasión, plantado ante la puerta, Felipe pidió otra oportunidad. Prometiendo lo de siempre, no volver a beber, ni a jugar, ni a levantarle la mano…

   Debió de decírselo en muchas ocasiones, porque ella ya no lo creyó. Alguna que otra vez la hermana le dijo que, por probar… Pero ella, firme en sus convicciones, no se la dio.

   Ambas mujeres se encontraban, Mari Cruz y su hermana Petra, el 18 de marzo de 1920, preparando la huerta a las afueras del pueblo. Entonces llegó él, todo  enjaquetado, a pedir nuevamente la oportunidad perdida. Para la ocasión vestía lo mejor de sus equipaje: chaleco de pana clara, chaqueta negra de pana y botón blanco, pantalón, también de pana, gorra visera afelpada, alpargatas blancas, calzas de lana…

   Nunca pensó que Mari Cruz le diese un nuevo no por respuesta. Entonces fue cuando, arrebatado de ira, tiró de navaja y…

   Allí apuñaló, y dejó muerta a su mujer, y herida a su cuñada, que corrió a defender a su hermana. Ambas tratando de contenerse la sangre mientras él, corría a través del campo en la forma en que podía. Felipe, de pelo, barba y ojos negros, estaba demasiado grueso para hacer una carrera ligera.

   Se escondió en el monte, y por él salió medio pueblo, acompañados por los civiles, quienes finalmente lo encontraron a la mañana siguiente y, casi en volandas, fue trasladado a la cárcel de Sacedón antes de que sus propios vecinos lo linchasen. Lo hubieran hecho de no mediar los guardias, pues los ánimos se encontraban harto alterados, ya que mientras él salía del pueblo, a su mujer la daban a la tierra.

   Fue juzgado, sentenciado a muerte y la pena conmutada por la de prisión eterna, en la audiencia de Sacedón el 28 de octubre de 1921.

   Después de aquello, llegó el coplero…:


CRIMEN DE “EL GARCÉS”

por Benito García Benito, “el Tío Coplero”, de Morillejo (Guadalajara)*

En la villa Morillejo, / provincia Guadalajara,
partido de Sacedón / según la letra declara,

el 18 de marzo, / víspera de San José,
será un día memorable / para el que sepa leer.

Felipe López se llama / el que mató a su mujer.
Y no fue tan sólo a ella: / a su cuñada también.

Felipe se fue a labrar / en el Puntal de la Nava
y se llevó a su mujer / como siempre acostumbraba.

 ... (sigue) ...

Cómo sería su ira / y qué furia le entraba,
que con la piedra en la mano / en la cabeza le daba.

Mari Cruz fuerte gritaba: / "¡Díos mío! ¿No hay quien me ampare?
¡Que mi marido me mata! / ¡La Soledad me acompañe!"


Ya la tira por el suelo, / hasta el pelo le arrancaba.
La volvió a sacudir / y la dejó asesinada.
 
... (sigue) ...

De que le sirve la hacienda / que allá en su casa ha dejado,
para morir con miseria / por ser un hombre malvado.

Tres perras chicas le cuesta / al que las quiera leer,
porque las vende el coplero / para ganar de comer.

(Está tomado del blog  de Enrique Díaz Martínez:

   Si conviene por  aclarar que, conforme a la información de la época Felipe y su mujer vivían separados cuando ocurrieron los sucesos, y que, según las informaciones que entonces se publicaron, no murió la cuñada, a menos que lo hiciese en época posterior a los sucesos y a cuenta de ellos.

Tomás Gismera Velasco