Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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domingo, 4 de octubre de 2015

EL RECUENCO: EL CRIMEN DEL JUANITA



EL RECUENCO: EL CRIMEN DEL JUANITA

   Anselmo, Juan y Marcelino A. del Amo, fueron tres hermanos, naturales de El Recuenco, cada uno de ellos con una historia diferente que contar.

   Anselmo se quedó a vivir en el pueblo, de donde un día desapareció sin dejar rastro, hasta que pasado un tiempo, y  sin dar cuenta de en qué lugar ocupó unos años de su vida, regresó para encontrarse con una escena insospechada.

   Marcelino contrajo matrimonio con una joven rumbosa, Baldomera, natural de Córcoles, y tras ella marchó, mientras que el tercero de los hermanos en discordia, Juan, anduvo corriendo mundo, o provincia, haciendo de las suyas, hasta que la lio parda.

   Juan casi siempre anduvo al salto de mata, creándose una fama poco saludable a cuenta de algún que otro hurto. De El Recuenco marchó a Escamilla, de donde tuvo que salir pitando, acusado de unos cuantos robos. Entonces lo apodaban “El Rubio”.

   Más tarde, y por lo atildado de su voz, por aquella parte de la provincia comenzaría a ser apodado “Juanita”, y como Juanita pasó a la historia.

   Desde Escamilla, tras ser detenido y cumplir unos cuantos meses de prisión marchó junto a su hermano Marcelino, a Córcoles, y allí fue donde el enredo, se enredó.


   Contaban las malas lenguas que Baldomera se encaprichó de Juan, o Juan de Baldomera, que para el caso es lo mismo, y que incluso ambos cuñados tuvieron algún que otro enredo de sábanas sin que se enterase el tercero en discordia, hermano y marido de los amantes.

   Nadie en Córcoles, y mucho menos en El Recuenco, alzó la voz ni quiso darse por enterado de algo que parecía conocer todo el mundo menos, como suele suceder, el interesado.

   Hasta la mañana del 6 de enero de 1888, cuando a las afueras de Córcoles, en pleno campo, fue hallado el cadáver de Marcelino por uno de los pastores que acudía en busca de su rebaño.

   Fue grande el alboroto. Medio pueblo se presentó en el lugar en el que se encontraba el cuerpo sin vida para verlo acuchillado y, además, con varios tiros de revolver sobre su cuerpo. El forense le encontró dos disparos de pistola, uno en el pecho y otro en un brazo. Varias puñaladas en el pecho y una de ellas seccionándole la yugular, además de varios golpes producidos por piedras de grueso tamaño que fueron encontradas a su alrededor. Junto al cadáver aparecieron el cuchillo, navaja y pistola empleadas en el asesinato. Pues tres fueron las armas empleadas.

   La Guardia civil lo tuvo claro, no había otros posibles culpables que los amantes, a los que entonces señaló el pueblo. A Baldomera como inductora, y a Juan como ejecutor. Ninguno de los dos se encontraba en Córcoles cuando los fueron a prender. Ambos habían huido con dirección desconocida.

   Las señas de Juan, de unos 30 años, de corta estatura, rubio, delgado, vistiendo pantalón oscuro, blusa corta, bufanda y sombrero al estilo Mazantini dieron la vuelta a España; al igual que las de Baldomera; de 29 años, mediana de estatura, pelo negro, tez morena… Se suponía que ambos habían escapado a Madrid, donde Juan se empleó como criado de un chalán en la calle del Salitre.

   No anduvieron las autoridades desencaminadas. Cuatro días después de ocurrido el suceso, un hombre con las señas del Juanita se presentó, en estado grave, por las infecciones producidas por un disparo de pistola en su brazo derecho, en la casa de socorro del distrito de Hospital. Confesó a los médicos que lo curaron que la herida se la habían producido horas antes cuatro individuos que lo acaban de atracar.

   No obstante los médicos, advertidos por la policía, no dejaron de sospechar, reteniendo al Juanita en la casa de socorro hasta que a ella llegó uno de los agentes municipales del distrito, quien tras hacerle algunas preguntas, sin dejar caer la sospecha de lo sucedido en Córcoles, lo encaminó al Gobierno civil. Allí fue interrogado y de resultas del interrogatorio terminó confesando. Ingresando horas después en la cárcel modelo.

   Ante el juez, Juan confesó que Baldomera lo convenció para eliminar a su hermano, prometiéndole una vida de felicidad a su lado. Lo convenció para esperar al marido la noche de reyes y eliminarlo haciendo parecer un robo. En el forcejeo resultó Juan herido en la mano, al intentar arrebatarle la pistola a su hermano, pistola que siempre lo acompañaba y que no sospecharon los asesinos que guardase en sus bolsillos.

   Aquella misma noche tomaron el camino de Madrid. Baldomera ya se había encargado de reunir los billetes que tenía su marido ocultos por la casa, y en Madrid se separaron, para que nadie, viéndolos juntos sospechase.

   De Baldomera nunca más se supo. Juan terminó sus días en prisión, ya que fue condenado a cadena perpetua.

Tomás Gismera Velasco