Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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domingo, 8 de noviembre de 2015

GUADALAJARA: EL HIJO FALSIFICADO DEL SEÑOR FORNOS



GUADALAJARA: EL HIJO FALSIFICADO DEL SEÑOR FORNOS

   Así titulaba la prensa uno de los sucesos que más comentarios dejó a lo largo de unos interminables días, en la Guadalajara de principios del siglo XX, cuando un buen día del mes de abril de 1905, hasta Guadalajara llegó una mujer y…:

   Manifestando llamarse Josefina Fernández y al hospedarse en la fonda del Norte, dijo ser la viuda de don Manuel de Fornos que hace poco se suicidó en Madrid…

   Efectivamente, Manuel de Fornos se había pegado, literalmente, un tiro en la cabeza el 13 de julio de 1904 y, a consecuencia de su muerte, surgieron las disputas por la herencia.

   Se trataba de un personaje muy conocido en la sociedad madrileña, y bastante peculiar. Habiendo desempeñado numerosos cargos públicos, entre ellos el de concejal del Ayuntamiento de Madrid. Sin embargo lo que lo lanzó a la fama fue su café, el Café de Fornos, que abierto en la calle de Alcalá, esquina a la de Peligros, en las cercanías de la Puerta del Sol, se convirtió desde mediados del siglo XIX en un lugar de referencia para la cultura y la política madrileña.

   Manuel de Fornos desesperado por las deudas, había decidido quitarse de en medio. En su casa se disparó un tiro en el pecho. De casa lo llevaron los criados a la casa de socorro, donde lo curaron, devolviéndolo de nuevo a casa, donde finalmente falleció. En su gabinete dejó una carta para el juez contando los motivos por los que se quitaba la vida. En la carta, se aseguraba, dejaba sus bienes a la tal  Josefina, sin embargo en el testamento ante notario, dictado en 1892, nombraba herederos a sus hermanos y sobrinos, fue enterrado, después de practicársele la autopsia, en la sacramental de San Justo.

   Y a doña Josefina no se le ocurrió mejor cosa que presentarse en el Gobierno civil de Guadalajara expresando sus deseos de sacar un niño recién nacido de la casa de expósitos…

   La intención de la señora no era otra que la de hacer pasar a aquel chiquillo por un hijo suyo y del difunto marido, del que había quedado embarazada en los días previos a su muerte y que nacería, casualmente, para salvar la herencia: y algo se debió de sospechar en el Gobierno civil puesto que a los pocos días fue a Madrid el inspector de vigilancia quien dio cuenta a los herederos y testamentarios del Sr. Fornos de las pretensiones de doña Josefina.


   Dichos señores manifestaron que precisamente el asunto de la testamentaria estaba pendiente del supuesto embarazo de la citada señora, según la cual daría a luz, precisamente, en aquel mes.

   Conocido esto, el Gobernador siguió el juego a la viuda: Enterado de esto el Gobernador, llamola a su despacho dispensándola una cariñosa acogida. Dijola que su instancia fue favorablemente resuelta, concediéndola un niño de la Inclusa, a lo que doña Josefina respondió que ya no era necesaria la criatura, pues se había llevado a Madrid a una joven de Guadalajara llamada Julia, la cual había dado a luz a un niño al que se había inscrito a nombre de Josefina en el juzgado de Almadrones, localidad en la que Fornos era titular de varias propiedades.

   El Gobernador la mandó al juez. El juez la  tomó declaración, encontrando demasiadas contradicciones en toda la historia, de donde se sacó la conclusión de que tenía alteradas sus facultades mentales. El niño de la tal Julia, efectivamente, había nacido, pero se inscribió a nombre de la verdadera madre. El juez finalmente la puso en libertad sin cargos.

   Josefina, quien se hacía  pasar por la viuda del finado, ni siquiera estuvo casado con él. Era simplemente una amiga a quien, en las últimas voluntades la legaba una pequeña cantidad de dinero. Ella, sabiamente, supuso que de tener un hijo del difunto, aunque fuese imaginario…

   Y claro está, en Madrid continuó el litigio entre hermanos, sobrinos, sobrinas y viuda de Fornos. Los juzgados intervinieron, de la misma manera que los testamentarios. El café cerró sus puertas, dejaron de tenerse ingresos y comenzaron a acumularse las deudas.

   Finalmente, en 1908, el café fue desahuciado por la propietaria de la finca. Las disputas por una herencia prácticamente inexistente, habían llevado a la viuda doña Josefina, a los hermanos y a los  sobrinos del Sr. Fornos, a perder lo poco que quedaba.

   No hubiera estado nada mal que a los herederos les hubiese tocado la lotería. En el café, las navidades anteriores, el cerillero  vendió uno de los premios gordos. Tocó a toda la clientela, menos a los dueños.

Tomás Gismera Velasco