Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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domingo, 29 de noviembre de 2015

MONDÉJAR:LO DE NICASIO EL PESCA



MONDÉJAR: LO DE NICASIO EL PESCA

   La noticia decía: El jueves, (8 de octubre de 1906) sobre las nueve de la mañana, el guarda de monte de Celedonio E., Nicasio V., se encontraba dando vuelta a la propiedad cuando fue sorprendido por unos criminales que le apedrearon bárbaramente hasta destrozarle la cabeza…

   Así parecía haber sucedido. Lo descubrieron cuando un par de días después encontraron el cadáver, porque hasta entonces no hubo indicios.

   Fue la hija de Nicasio quien puso en guardia al juzgado de la localidad al denunciar la desaparición de su padre, quien en contra de su costumbre no apareció a dormir esa noche. Y sin embargo, cuando más cerrada estaba, apareció uno de los perros que siempre lo acompañaba, el Canelo, que con ladridos y arañazos en la puerta de la casa hizo notar su presencia.

   El perro parecía que quisiera contarle algo. Pero la muchacha no supo interpretar los ladridos, aunque eso sí, tomó el camino del monte en el que su padre trabajaba de guarda, por allí lo llamó sin encontrar respuesta y dio vueltas y más vueltas, sin darse cuenta de que el perro le señalaba el camino.

   Lo siguió hasta encontrar la zamarra ensangrentada, y después, siguiendo el rastro de la sangre, el perro la llevó a un montículo de piedras. Allí, bajo ellas, se encontraba Nicasio.

   La muchacha, tras comprobar que nada podía hacer, más que avisar a la justicia para que encontrase al culpable, marchó de nuevo al pueblo, a denunciar lo visto.


   Con la luz del día llevó al juez y a los oficiales, con algunos guardias, al lugar en el que se encontraba su padre. Pero algo había sucedido. Cuando removieron las piedras allí no había nadie. Pudieron dudar de lo contado, pero los rastros de sangre indicaban que algo había sucedido. Además, alguien había arrastrado algo en dirección al río. Las huellas llevaban a la presa de la fábrica de luz de don Francisco A.

   Después de varios intentos de búsqueda, en la presa y en el Tajuña, al final, el 10 de ese mes, encontraron el cadáver, el morral y el arma que como guarda de monte solía llevar. De los culpables, ni rastro.

   El juez de Pastrana, a quien correspondió el caso, no tuvo dudas de que se trataba de algún tipo de venganza, algo por desgracia bastante habitual en aquel tiempo. Venganza de algunos cazadores ilegales. Nicasio había denunciado a alguno que otro, por reincidente o por cazar con hurón, algo prohibido. O meterse en terreno vedado.

   Los posibles culpables, al final, resultaron ser más de una docena que poco a poco, según fueron prestando declaración y dando cuenta del lugar en el que se encontraban semejante día y a tales horas, fueron quedando en libertad.

   Finalmente, y a pesar de que desde el juzgado nada se dijo, se corrió por Mondéjar la voz de que fueron detenidos dos de aquellos cazadores que juraron venganza, y ejercieron sus cruel justicia. El pueblo de Mondéjar trató de que se los entregasen, y pidió que la justicia los ejecutase como ellos habían hecho con el pobre  Nicasio.

   Se trataba de los hermanos Feliciano y Marcial L. S., los “Ratoneras”, quienes habían llevado a cabo su acción en el lugar conocido como Las Peñas de Querencia.

   Para responder de la indemnización, puesto que no contaba con dinero suficiente para afrontarla, les fueron embargados los bienes de los que eran titulares. A Feliciano una tierra de 4 fanegas y una escopeta de pistones. La tierra se valoró en 200 pesetas; la escopeta, por su mal estado, en 3.

   A su hermano Marcial también le embargaron la escopeta, una Lafosé del calibre 16, valorada en 7 pesetas. No había más.                    

   Fueron condenados a cadena perpetua unos meses después, en la primavera de 1907.

Tomás Gismera Velasco