Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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lunes, 23 de noviembre de 2015

SIGÜENZA: EL CRIMEN DEL PASTOR



   SIGÜENZA: EL CRIMEN DEL PASTOR

   Muchos años después de que todo sucediese, en el mes de marzo de 1973, Faustino, que cuando sucedieron los hechos contaba con 19 años de edad, sin que se conozcan las causas que motivaron su decisión, fue sacado de un pozo de la Fuente del Mocho, en los Vadillos de Sigüenza. Tenía entonces 66 años de edad y cuando fue encontrado hacía quince días que desapareció de su casa. Ahogado, con los bolsillos llenos de piedras. Todo indicó que se arrojó al pozo voluntariamente.

   Faustino fue detenido en el mes de octubre de 1926, junto a su hermano Ceferino, y pasó algún tiempo en la cárcel de Sigüenza, junto a su hermano. Ambos acusados en un principio de asesinato, cambiado en las conclusiones por el delito de homicidio.

   Ceferino, entonces de 23 años de edad, quiso en todo momento dejar constancia de que su hermano no había tenido participación en el asunto, pero hasta que no fue exculpado en el juicio no quedó en libertad y sin cargos.

   No había entonces más testimonios que los de su hermano Ceferino. Ambos fueron los únicos testigos de la muerte de Calixto Monge, un joven pastor, de 16 años de edad, natural de Rienda, que entonces se encontraba trabajando en Sigüenza al servicio de uno de los ganaderos de la localidad, Alfredo S.

   Los dos acusados, también pastores de profesión, eran del vecino pueblo de Paredes de Sigüenza, y como su vecino de Rienda, se encontraban ejerciendo el  oficio la ciudad episcopal.


   Nada hubiese pasado, según Ceferino, si el joven hubiese mantenido la boca callada, pero… Recibió la sentencia con pesar, por lo que se le venía encima, y al mismo tiempo con alivio, al comprobar que su hermano quedaba libre de la cárcel, aunque indudablemente tocado en su conciencia.

   El jurado había escuchado a lo largo de un par de días la forma en la que el joven Calixto fue encontrado junto a las vías del ferrocarril una mañana de finales de septiembre de aquel año de 1926. Al principio todos pensaron que, quién sabe por qué motivos, el joven se acercó a las vías al paso de un convoy y resultó golpeado por aquel, en el paraje de la Cuesta del Moral, hasta que alguno de los ávidos investigadores se dio cuenta de que el tren no golpea dos veces.

   Las investigaciones dieron  cuenta de que al  joven pastor lo habían visto pastoreando en las cercanías de donde se encontrasen los hermanos Ceferino y Faustino, por lo que la Guardia civil y el juzgado los llamó a declarar. Tras múltiples preguntas y unos cuantos registros, Ceferino confesó los hechos.

   Lo encontraron culpable de homicidio. Calixto, después de unos cuantos días de vigilancia, descubrió al fin quien le destrozó la huerta. Cuando lo vio fue hacía él, a echarle en cara eso de que no había motivos para hacer lo que hizo y…

   Ceferino no se anduvo en contemplaciones, levantó el garrote y descargó un primer golpe sobre la cabeza del muchacho que lo hizo caer a tierra. Luego continuó, hasta dejarlo por muerto. Cuando comprobó que había dejado de existir lo arrastró hasta las vías del ferrocarril…

   Abandonó la prisión casi veinte años después.


Tomás Gismera Velasco