Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

domingo, 7 de febrero de 2016

ATIENZA: DE LA DURA EMIGRACIÓN



ATIENZA: DE LA DURA EMIGRACIÓN

   Acostumbrados a la buena vida, o a vivirla lo mejor que se puede, a veces nos olvidamos de lo mal que lo pasan quienes andan a la búsqueda de un futuro mejor dejando atrás familia, amigos, pueblos, tierra, nación en muchas ocasiones.

   También los españoles fuimos un pueblo de emigrantes, y los de Guadalajara, y los de sus pueblos, y hasta la gente de Atienza, que comenzó a buscarse las habichuelas lejos de la tierra desde mediados del siglo XIX.

   Por entonces salió de Atienza el bueno de Guillermo, de la familia de los Villavieja. Cuando salió de Atienza se encontraba viudo, y en Madrid encontró trabajo, primero en unas cocheras del hoy barrio de Salamanca, y después como jardinero en el parque del Retiro.


   Había dejado muchas deudas en Atienza, en parte provocadas por la enfermedad que llevó a la muerte a su mujer, y en parte porque la agricultura y la ganadería, a lo que hasta entonces se dedicó, tuvo unos muy malos años que lo terminaron arruinando, y endeudando.

   Lo poco que ganaba como jardinero lo empleaba en pagar deudas. No pagaba casa, vivía en las cocheras, lo que en cualquier pueblo llamaríamos cuadras, de una casa señorial de la calle de Hermosilla, desde donde todas las mañanas salía camino del Retiro.

   En Madrid también comenzó a tener deudas. En la tienda de ultramarinos de la calle de Alfonso XII en la que compraba lo justo para ir tirando llegó a tener una cuenta de algo más de ocho pesetas y, como hoy los cobradores de deudas, entonces le pusieron detrás a un dependiente que, constantemente, le recordaba que tenía en la tienda una cuenta pendiente.

   Al final, avergonzado, salió de casa con la cabeza baja la mañana del 3 de junio de 1892, se dirigió al Parque del Retiro, a su trabajo, y por allí apareció el de la tienda de ultramarinos, a recordarle la deuda. Guillermo echó a correr, hasta encontrarse con el estanque de las Campanillas, y allá se arrojó.

   Tenía 65 años de edad.

Tomás Gismera Velasco