Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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sábado, 7 de mayo de 2016

SIGÜENZA: UN CADÁVER CULPABLE



SIGÜENZA: UN CADÁVER CULPABLE
  
   Se sobrecogió Sigüenza la noche del 26 de mayo de 1900 al escuchar el estampido de dos disparos de pistola. Los hombres salieron a la calle, al poco del estampido, y puestos los pies en ella encontraron en la calle de la Travesaña, boca abajo, a un hombre muerto.

   Fue identificado al momento como Felipe H., Maestro de obras del Ayuntamiento y persona muy estimada y reconocida en la ciudad. No tardó en presentarse el juez, quien ordenó el levantamiento del cadáver, y comenzaron a hacerse las diligencias en averiguación de quién pudo ser el autor de tamaña barbarie que sobrecogió, por la personalidad del difunto, a todo el mundo. El cadáver presentaba una herida de bala en el corazón, que le causó la muerte de forma fulminante. Junto al cadáver se hallaron dos casquillos de bala, y un bastón.

   Las investigaciones de la Guardia civil llevaron a casa de su cuñado, don Faustino L., concejal del Ayuntamiento, con quien se encontraba enfrentado. Todo el mundo en Sigüenza conocía la enemistad entre ambos y a poco que se comenzó a indagar las sospechas recayeron en el cuñado quien declaró que efectivamente, había tenido  una discusión con el difunto, quien le intentó agredir y en su defensa descargó su arma, un tiro al aire y otro al corazón. Cuando lo fueron a detener se iba a entregar.

   Declaró lo mismo ante el juez, quien inmediatamente lo  puso en libertad. No obstante, tras el escándalo que supuso su salida a la calle, el juez mandó volverlo a detener hasta que llegado el juicio, fuese el jurado quien decidiese su culpabilidad o inocencia. Su segunda detención coincidió con la visita a Sigüenza del diputado Sr. Ignesón, quien en un principio sería su abogado defensor.

   El concejal don Faustino, entre fuertes medidas de seguridad, fue conducido a Guadalajara, en cuya audiencia había de celebrarse el juicio, en medio de una gran expectación por la personalidad de víctima y acusado.

   El juicio, al que asistió media Sigüenza y una parte de la Guadalajara  curiosa de conocer lo que ocurriría, se celebró el 6 de marzo de 1901.

   El abogado defensor, D. Juan Zabía, rebatió todas las teorías del fiscal y de la acusación. Habló al jurado y a los miembros del Tribunal de la personalidad de su defendido, y de cómo nadie podía acusarle de un delito que, seguramente, no había cometido, puesto que no hubo testigos ni pruebas que lo acusasen, habiéndose limitado a defenderse de la acción de su cuñado. Si lo mató fue por accidente, y en defensa propia. Su defensa concluyó con una larga ovación de los presentes, y el aplauso de sus seguidores.

   El jurado se retiró a deliberar, con las pruebas expuestas por Zabía, y no tardó en regresar a la sala, tenían un veredicto. La sala se quedó boquiabierta al conocerlo: No culpable. La culpa de la muerte fue del muerto.

   El concejal, don Faustino L., fue puesto inmediatamente en libertad. A la salida de la audiencia, interrogado por los periodistas, confesó que nunca más regresaría a Sigüenza, que tan malo recuerdos dejó en su memoria. Y no lo hizo, se avecindó en Jadraque, desde continuó desempeñando su oficio de contratista de obras para la Diputación  provincial. Falleció en Jadraque, en los primeros días de septiembre de 1917.


Tomás Gismera Velasco