Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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viernes, 11 de noviembre de 2016

ATIENZA/MADRID: LA MALA CABEZA

ATIENZA/MADRID: LA MALA CABEZA

Lo contaba la prensa:

  

   Higinia Velardete Calera y Prudencio García Galgete naturales los dos de la provincia de Guadalajara, la primera del pueblo de Atienza y el segundo del de Narros, habianse casado hace algún tiempo, viviendo en la mayor armonía los primeros años de su matrimonio.

   El Prudencio servía en el Cuerpo de Serenos, quedó cesante y la miseria entró en aquella casa, agriando las buenas relaciones que entre los esposos había, pues Prudencio sufría horriblemente al no poder subvenir a las necesidades de su casa, viendo perecer de hambre a su mujer y a sus hijos. Las peleas menudearon al punto que el matrimonio decidió la separación, como lo hicieron hace tres meses después de una viva reyerta.

   Desde aquella fecha ninguno de los dos tenía domicilio fijo. Comían cuando tenían con qué Ignacia y su hijo Dionisio de siete años, apenándole más a esta desgracia ver que su otro hijo, que cuenta diez meses de edad, estaba estenuado por no poder ella proporcionarle el suficiente alimento.





Maranchón: El Crimen de los Muleteros. El libro, pulsando aquí



   Muchas veces, Higinia había procurado que su marido la diera alguna cantidad; pero nunca sus gestiones, amparadas en el deseo natural de toda madre, de que sus hijos tuvieran pan con que saciar su apetito, merecieron satisfactorio resultado, porque Prudencio carecía también de recursos que no procuraba alcanzar con el trabajo, a que siempre que encontraba ocasión le excitaba su mujer.

   La mujer buscó ayer a su marido en una casa del Lavapiés, donde solía ir este con frecuencia; se encontraron en la calle del Ave María, suscitándose nuevamente la cuestión de los hijos, tomando esta tal calor, que el marido, sacando una navaja, arremetió a su mujer, causándola varias heridas.

   El guardia municipal número 123 condujo a la lesionada a la casa de socorro.

   Los facultativos le curaron cinco heridas que había recibido; una en la parte superior del pecho derecho; otra bajo el izquierdo; otra en el cuello; otra en el labio superior y otra en la mano izquierda la cual fue atravesada de parte a parte por el arma de que se valió el agresor.

   La hemorragia que se produjo fue tan abundante, que todo el mundo temió que la infeliz mujer sucumbiera antes de llegar al benéfico establecimiento donde la asistieron.

   En grave estado fue trasladada al Hospital Provincial.

   El  agresor ingresó en la delegación de vigilancia, y después en el juzgado.
   Al ser preso se le ocupó la navaja de que se valiera para herir a su mujer.
   El niño menor de este desgraciado matrimonio fue trasladado a la Inclusa por orden del gobernador civil, y el mayor quedó en la delegación hasta que hoy sea enviado a un asilo.


(Los nombres y algunas situaciones, que no afectan al relato, son supuestas. La historia que se cuenta y los hechos y situaciones son reales).
El relato completo aparecerá próximamente en el libro: Atienza: crónica parda, o negra. Sucesos que dejaron huella.

Tomás Gismera Velasco