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viernes, 27 de enero de 2017

El Crimen del Cura Galeote: El asesinato del primer Obispo de Madrid, D. Narciso Martínez Izquierdo

El Crimen del Cura Galeote: El asesinato del primer Obispo de Madrid, D. Narciso Martínez Izquierdo

 

EL CRIMEN
   Cuando disparó hacía más de una hora que estaba rondando por los alrededores de la Catedral de San Isidro. Antes estuvo por la Puerta del Sol, y después bajo por la calle Mayor; cruzó también la plaza, en busca de la calle de Toledo, y regresó a casa.

   El crimen ya lo tenía  preparado. Desde unos cuantos días atrás. Alguien tendría que pagar por todas aquellas desatenciones que estaban hiriendo su honra. 

   Primero pensó en el padre Vizcaíno, rector del convento de la Encarnación, el verdadero responsable de sus desgracias. Después en el secretario del Obispo; en su familiar, don Alejo. Hasta que, por qué no. El responsable último de todos sus males no era otro que don Narciso. El mismísimo Obispo. Había intentado hablar con él en los últimos días en numerosas ocasiones y, a su entender, lo había esquivado. Bueno, no sólo el Obispo, todo el mundo, en los últimos días, lo había esquivado. Habían manchado su honra y enterrado su honor, y su honra y honor eran para él lo más sagrado. Se lo habían enseñado desde pequeño y con él había ido creciendo hasta llegar a aquella mañana del Domingo de Ramos. La primera gran solemnidad que se había de celebrar en la recién creada Diócesis de Madrid, y en su Catedral, que dejaba de ser basílica para convertirse en sede episcopal.

 

   Eso, lo de que era la primera ocasión en la que el Obispo de Madrid iba a dirigirse a su público desde su Catedral en un acto solemne como era la misa del Domingo de Ramos, no lo tuvo en cuenta. Aquello era lo de menos. Lo principal estaba en su honra, en su honor. En esa cosa que se le había perdido por el camino de los despachos, de las rectorías e incluso de las iglesias, desde la calle del Arenal hasta los Cuatro Caminos. También por las escaleras del Palacio episcopal de la calle del Sacramento.

   Pudo haber ocurrido unos días antes, dos o tres, cuando se marchó hacía la estación del Norte porque por allí, en su coche de caballos, paseaba el Obispo todas, o casi todas las tardes para despejarse la cabeza; pero aquella en la que se metió el revólver en el bolsillo, con unas cuantas cápsulas, o balas, en el tambor, el Obispo no apareció. Estuvo tentado de ir en busca del padre Vizcaíno pero no merecía la pena, así que se marchó a casa, a esperar. Esperar a ver si se solucionaba lo suyo, y esperar mejor ocasión. Madurando su rabia.

   Ese Domingo de Ramos, 18 de abril de 1886, se levantó  más temprano de lo habitual. Últimamente entre unas cosas y otras dormía poco y mal. Doña Tránsito no se dio cuenta de que se levantó, salió de la casa y bajo los tres pisos hasta dar con sus narices en la calle Mayor. A paso lento se aproximó hasta la  Puerta del Sol y por allí anduvo, desde las siete y media o las ocho de la mañana hasta cerca de las nueve, cuando le dio el aire y, como lo tenía todo decidido, regresó a casa, subió nuevamente las escaleras, entró en el cuarto y se puso las ropas talares. 

   Doña Tránsito continuaba durmiendo y no se enteró, aunque luego ella diría que estaba en la cocina, y que no se enteró. 

   Doña Tránsito no supo de lo ocurrido hasta que alguien, a eso de la media mañana, cuando la gente subía dando voces por la calle Mayor en dirección a la Puerta del Sol, y bajaba hacía Palacio, y cruzaba por el Callejón del Infierno hacía la plaza en dirección a la Catedral y preguntó a través del balcón lo de:

   -¿Pero que es ello?

   Y Alguien le dijo que ello era…

   Después vinieron los guardias...


 Características del libro:

  • Tapa blanda: 152 páginas
  • Editor: CreateSpace Independent Publishing Platform (31 de diciembre de 2016)
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 1541370929
  • ISBN-13: 978-1541370920
  • El libro, pulsando aquí.