Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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sábado, 28 de enero de 2017

HORCHE: LA CENCERRADA



HORCHE: LA CENCERRADA

   El párroco de Horche, don Juan Antonio, se quejó por carta a la prensa provincial, representada por el semanario Flores y Abejas. Se había dado demasiadas ínfulas a algo que, cosa de los tiempos, venía siendo algo habitual en algunos pueblos no sólo de Guadalajara, sino de media España.

   Decía don Juan Antonio al hilo de lo que publicó el periódico que lo sucedido era una cosa vulgar y común, y por ello, para no dar aires que no correspondían a las cosas de los pueblos lo mejor era silenciar ciertos pequeños detalles que a nadie interesaban.

   El periódico, en plan revolucionario, le respondió con un:

   “Discrepamos al opinar que estos hechos deben silenciarse en la prensa; nosotros creemos que deben hacerse públicos, expresándose al propio tiempo las sanciones impuestas por las autoridades con objeto de evitar que tales costumbres subsistan en pleno siglo XX.

 

 EL CRIMEN DEL CURA GALEOTE.
El libro, pulsando aquí.

   Y hemos de terminar estos renglones haciendo presente el buen concepto que siempre nos mereció el pueblo de Horche, cuyo laborioso vecindario es acreedor a todos nuestros respetos y al que no puede alcanzarle la responsabilidad de ese hecho verdaderamente censurable”.

   No, no se había llegado al extremo que nuestro paisano Angel María de Lera nos relata en “La Boda”, pero poco faltó.

   La prensa toda, de la nación y la provincia se hizo eco del suceso, a pesar de que, como ya decimos, no era exclusivo de una provincia que trataba de sacar la cabeza a la modernidad. Por ello es por lo que desde algunos sectores de la prensa se censuró.

   En el diario “La Voz”, de Madrid, se leían cosas como:

   “Nunca mejor dicho la frase hecha que tiene aplicación a tantos sucesos locales: los más viejos no recuerdan en el pueblo una igual”.

   Y así debía de ser, porque en “La Libertad”, añadían: “… queriendo sentar plaza, mozos irreflexivos…”

   Y es que, en acontecimiento similar, en otra localidad, esta de la provincia de Zamora, a consecuencia de las celebraciones nupciales acababa de producirse una muerte.

   Nos contaban los de “La Voz”, en torno al acontecimiento:

 BOTARGA LA LARGA. CARNAVAL EN GUADALAJARA.
 El libro, aquí

   “Horas después de la ceremonia nupcial los vecinos más decididos salieron a la calle provistos de toda clase de objetos útiles para armar escándalo; las ollas quedaron en las cocinas sin tapaderas; las orzas sin tablas; otros vecinos aprovecharon los almireces; algunos las sartenes; los más descarados se proveyeron de cencerros, y reunidos todos en la plaza del pueblo se dedicaron a recorrer las calles…”

   Sí. Acababan de casarse dos viudos. Y había que darles, como se suele decir, la cencerrada.

   El Flores y Abejas, al dar cuenta de lo acontecido, señalaba en primicia, poniendo en guardia al resto de la prensa:

   “Cuando creíamos desterrada esa bárbara costumbre de las cencerradas, llega hasta nosotros la noticia del parte facilitado a la Superioridad por la Guardia Civil del puerto de Horche referente a un formidable escándalo promovido por unos cincuenta vecinos de aquel pueblo, en su mayoría jóvenes, con motivo de la boda de un viudo.

   No contentos los autores de esa cencerrada con atronar el espacio durante varias horas, haciendo sonar el ruido de cencerros, latas y cacerolas, se les ocurrió penetrar tumultuosamente en el salón donde bailaban los novios, padrinos e invitados, atropellando a muchos de ellos y produciendo gran alarma y confusión…”

   Flores y Abejas, al hilo de la protesta del señor cura, copió y publicó el parte de la Guardia civil:

   “Habiendo tenido conocimiento el cabo que suscribe de que en el baile que se celebraba en una boda de la calle del Vallejo de esta localidad se había presentado gran número de mozos promoviendo un gran escándalo, y acompañado de los guardias Leoncio Ortega y Saturnino Peña, me personé en dicho sitio, dando por resultado las diligencias practicadas que los vecinos de esta villa… (cita a los tres que más sobresalieron), más cincuenta más, penetraron tumultuosamente en el interior del salón…”

   Sucedió la tarde del 16 de octubre de 1928, y nada hubiese pasado de no ser por aquella brutalidad que se les ocurrió a los mozos del pueblo y que la Guardia civil calificó de irresponsabilidad, ya que se produjeron en el incidente numerosos heridos, y suerte a que únicamente hubo heridos, puesto que la cuestión pudo llegar a mucho más, pues según la Guardia civil:

   “… penetraron tumultuosamente en el interior del salón llevando dos caballerías menores enganchadas a un trillo atropellando a todos cuantos en el salón había, originándose altercados y algunos sopapos que terminaron al presentarse la fuerza…”

Tomás Gismera Velasco