Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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domingo, 15 de diciembre de 2019

LOS CRÍMENES DE ZAOREJAS LAS MADERADAS Y LOS GANCHEROS DEL TAJO

LOS CRÍMENES DE ZAOREJAS
LAS MADERADAS Y LOS GANCHEROS  DEL TAJO




   El 24 de diciembre de 1904 apareció en Zaorejas el cadáver de todo un personaje local, Luis M..

 Don Luis no sólo era conocido en aquella población, sino que su personalidad, a través de sus múltiples negocios, era conocida tanto en la comarca de Molina, como en la de Cifuentes e incluso en la propia capital de Guadalajara. Su nombre estaba unido tanto al negocio de la madera como de las tierras, e incluso con otro asesinato sucedido en la población años atrás. También su nombre había estado involucrado en algún que otro asunto de estafas junto a otras lindezas judiciales.

 LOS CRÍMENES DE ZAOREJAS. EL LIBRO, Pulsando aquí



   Don Luis M. también fue Secretario y Ministrante (especie de médico) del pueblo, y vivía en una finca de su propiedad, cerca del pueblo, llamada “Casa Vicente”, donde se dedicaba a acopiar maderas, resinas y pez. También era, en la comarca, uno de los principales madereros a los que el Gobierno civil autorizaba a trasladar madera, mediante la contratación de personal, a través del río Tajo hasta Aranjuez.

   Al parecer el día 20 marchó Don Luis a Sacedón con objeto de gestionar la venta de una maderada de su propiedad almacenada en el molino de Entrepeñas consistente en unas 8.000 piezas para cuyo traslado había obtenido autorización en el mes de junio anterior, al regreso a su casa en la mañana del día 24, y en pleno campo, a la altura de los desfiladeros que conducían a su casa, alguien disparó sobre él dos tiros de escopeta, derribándole de la mula, que llegó sola a casa, y dejando muerto a don Luis en el camino.

   El descubrimiento del crimen no tardó, pues la presencia en la casa de la mula sin su dueño desató todas las alarmas familiares, e inmediatamente se pusieron a trabajar el juzgado y Guardia civil de Cifuentes, quienes encontraron tantos enemigos y probables autores de la muerte de Moré que no supieron el camino a tomar. No obstante, en apenas un par de días detuvieron a seis posibles sospechosos, entre ellos el hijo del Capataz de Cultivos, en cuya muerte estuvo involucrado el propio Luis M.. También fueron detenidas las mismas personas que intervinieron en aquella muerte, y que fueron absueltas por falta de pruebas, pues la muerte de Moré seguía el mismo guión que aquella otra. Por lo que fueron detenidos un hijo del Capataz difunto, Pedro C., su cuñado Prudencio del Castillo y Tomás Salvador. Fueron puestos en libertad poco después por falta de pruebas, dándose la casualidad de que Prudencio fallecería unos meses después, ahogado en el Tajo, al tratar de rescatar a la vecina Petra Peco, que se precipitó al río por el Puente de San Pedro el 20 de mayo de 1906. Apareció el cadáver de Petra, pero no el de Prudencio.
   Todas las pruebas apuntaban a la venganza, y muchas eran las personas que en Zaorejas y sus alrededores tenían querellas pendientes con Luis More, y aunque se señalaba claramente que los autores del crimen fueron Pedro Cortés y su cuñado Prudencio, a favor de ellos declararon varios vecinos sirviéndoles de coartada para el día de autos.



   La muerte, unos meses después, del pastor Mariano López a causa de unas cuantas puñaladas vino a sumar mayor misterio al caso, pues por la comarca corrió la voz de que este había sido asesinado por su implicación en la muerte de Moré. 

El libro:
  • Tapa blanda: 109 páginas
  • Editor: CreateSpace Independent Publishing Platform (16 de agosto de 2016)
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 1537082779
  • ISBN-13: 978-1537082776

domingo, 24 de noviembre de 2019

MAZARETE, EL ERROR JUDICIAL

MAZARETE, EL ERROR JUDICIAL


 El guión:

El día 24 de noviembre de 1902 fue descubierto en la carretera de Sigüenza a Molina, en la provincia de Guadalajara, el cadáver de un hombre que representaba unos 30 años, y que tenía una herida de arma de fuego en el pecho. Había sido visto en numerosos sitios la tarde anterior, la última vez que se le vio con vida, en la posada de Mazarete (Guadalajara).

No tardaron en descubrirse quienes eran sus presuntos asesinos, a juicio del juzgado y Guardia civil de Molina de Aragón: dos hombres, padre e hijo, titulares de la posada en la que el difunto pasó parte de su última noche.



La defensa de los procesados  nada pudo hacer contra toda organizada trama que, presuntamente organizada por uno de los miembros de la Guardia civil, que alteró pruebas y buscó y aportó falsos testimonios.

De nada sirvieron testigos ni informes médicos. Ambos procesados fueron condenados a muerte y aguardaron en la cárcel de Guadalajara a que llegase el momento de que los llevasen al corredor de la muerte, al cumplimiento de sentencia.















Alguen, un hombre de prestigio, Tomás Maestre, demostró que la condena obedecía a un error, que aquellos dos hombres nada habían tenido que ver con la muerte del Aceitero.

Pero la justicia los tenía sentenciados, a pesar de que la provincia de Guadalajara, y España entera, se movilizó  ante uno de los  más graves errores judiciales de la España de comienzos del siglo XX.



El autor:


Su autor, Tomás Gismera, y su obra, han sido reconocidos en numerosas ocasiones, destacando premios recibidos como el "Alvaro de Luna", de historia, de la provincia de Cuenca, ( en dos ocasiones); "Eugenio Hermoso" (de Badajoz); "Serrano del Año" de la Asociación Serranía de Guadalajara", "Popular en Historia", del Semanario Nueva Alcarria; "Melero Alcarreño", de la desaparecida Casa de Guadalajara en Madrid; Alonso Quijano de Castilla la Mancha; Turismo Medioambiental del Moncayo, de Zaragoza; Paradores Nacionales; Radio Nacional de España;  Primer Encuentro Nacional de Novela Histórica; Recreación Literaria de Córdoba; Hispania de novela hisórica; Federación Madrileña de Casas Regionales; etc.


   En la actualidad es colaborador ocasional de varios medios de prensa, radio y televisión de Castilla-La Mancha y Castilla-León;  siendo habitual su firma, semanal, en el bisemanario de Guadalajara "Nueva Alcarria", edición papel, en donde lleva a cabo la sección "Guadalajara en la memoria"; así como en el digital "Henares al Día"; donde tiene a su cargo la sección "Gentes de Guadalajara"; habiendo sido colaborador de otros medios como "Cultura en Guada"; "Arriaca", Cuadernos de etnología de Guadalara, de donde ha sido vocal del Consejo de Redacción; etc. Siendo fundador, coordinador y director de la revista digital Atienza de los Juglares, de perioricidad mensual, fundada en 2009, y reconocida como una de las mejores, en este contexto, editadas en la provincia de Guadalajara, de repercusión nacional y carácter altruista.

sábado, 5 de octubre de 2019

CIFUENTES, EL CRIMEN DEL ERMITAÑO

CIFUENTES, EL CRIMEN DEL ERMITAÑO

Mucho se escribió en su tiempo en torno al famoso “crimen del ermitaño”, ocurrido en Cifuentes (Guadalajara), en el mes de febrero de 1905, cuando comenzaba a celebrarse el tercer centenario del Quijote, Madrid se preparaba para el gran homenaje a Echegaray y Azorín tomaba las maletas para viajar a la Mancha con el ánimo de repetir el viaje de don Quijote, trescientos años después, por aquellas llanuras. 


Y mucho se habló de él, de Bibiano Gil, el ermitaño, y de su muerte. Un suceso, por las circunstancias que lo rodearon y el misterio en torno a su protagonista principal, el ya citado Bibiano Gil, que traspasó las fronteras de la provincial Guadalajara para llegar a Madrid y dar la vuelta por media España ocupando portadas en periódicos de amplia tirada, e información con ribetes de novela por entregas. 


Los ciegos cantaron coplas, y por las plazas de muchos pueblos se escucharon los romances de cordel que hablaron de la vida y milagros del ermitaño fallecido, así como de su cruel destino. 



Por algunos de los pueblos de la Alcarria todavía, en noches de luna y nieve, como la de la noche que se perdió su vida para siempre, pareciera escucharse en la voz aguardentosa de quienes recordaban la historia los retazos que se fueron uniendo a la leyenda, a veces considerada milagrosa, que acompañó durante muchos años su recuerdo. 



132 Páginas. con ilustraciones.


El autor:


Su autor, Tomás Gismera, y su obra, han sido reconocidos en numerosas ocasiones, destacando premios recibidos como el "Alvaro de Luna", de historia, de la provincia de Cuenca, ( en dos ocasiones); "Eugenio Hermoso" (de Badajoz); "Serrano del Año" de la Asociación Serranía de Guadalajara", "Popular en Historia", del Semanario Nueva Alcarria; "Melero Alcarreño", de la desaparecida Casa de Guadalajara en Madrid; Alonso Quijano de Castilla la Mancha; Turismo Medioambiental del Moncayo, de Zaragoza; Paradores Nacionales; Radio Nacional de España;  Primer Encuentro Nacional de Novela Histórica; Recreación Literaria de Córdoba; Hispania de novela hisórica; Federación Madrileña de Casas Regionales; etc.


   En la actualidad es colaborador ocasional de varios medios de prensa, radio y televisión de Castilla-La Mancha y Castilla-León;  siendo habitual su firma, semanal, en el bisemanario de Guadalajara "Nueva Alcarria", edición papel, en donde lleva a cabo la sección "Guadalajara en la memoria"; así como en el digital "Henares al Día"; donde tiene a su cargo la sección "Gentes de Guadalajara", también colabora en EsRadio y Alcarria Tv; ; habiendo sido colaborador de otros medios como "Cultura en Guada"; "Arriaca", Cuadernos de etnología de Guadalara, de donde ha sido vocal del Consejo de Redacción; etc. Siendo fundador, coordinador y director de la revista digital Atienza de los Juglares, de perioricidad mensual, fundada en 2009, y reconocida como una de las mejores, en este contexto, editadas en la provincia de Guadalajara, de repercusión nacional y carácter altruista.

LA CAUSA DEL DOCTOR ALEGRE. Con motivo de la defensa del Médico de El Pobo, saltó a la prensa nacional Francisco Layna Serrano

LA CAUSA DEL DOCTOR ALEGRE.
Con motivo de la defensa del Médico de El Pobo, saltó a la prensa nacional Francisco Layna Serrano


   Una emisora de radio valenciana rescataba estos días la Causa del Doctor Alegre, a través del libro que cuenta su caso. Una caso de mala suerte. Y es que un mal día lo tiene cualquiera. Y si la mala suerte en ocasiones pasa con el siguiente, en otras se agarra para acompañar al sujeto hasta la muerte. Le sucedió a don Alfredo Alegre Jarque quien, desde que llegó a El Pobo como médico municipal, hasta el día de su muerte pasó del mal día a los peores quince años de una vida que se lo acabó llevando.

   Todo comenzó el 6 de julio de 1915. O quizá un poco antes, cuando don Alfredo fue contratado como médico del hermoso pueblo molinés que entonces no tenía apellido.



   Era natural de la Val de Uxó, en la provincia de Castellón donde su padre, cuando él nació, ejercía de maestro. Allí nació el 27 de mayo de 1869, para estudiar Medicina y doctorarse en la Facultad de la Universidad de Valencia en 1893. Tras ello comenzó el recorrido por los pueblos como entonces sucedía, buscando afianzarse en el mundo de la medicina rural. Hasta que el Alcalde de El Pobo entabló conversaciones para que ocupase el puesto en este pueblo. Se encontraba entonces atendiendo a los pacientes de la localidad de Bronchales en la provincia de Teruel. En El Pobo se le aumentaban los ingresos anuales.

   Entonces los médicos en la mayoría de los casos contratados por el Ayuntamiento recibían de este los emolumentos en función al número de vecinos a los que atender. Los médicos rurales nada tenían que ver con lo que hoy conocemos. Sus salarios, por lo general, los recibían en especie; en grano, leña, patatas…, a veces también unas pocas pesetas.

   Llegó a El Pobo con su familia, compuesta por mujer y tres hijos de corta edad en los inicios de 1915 con la promesa de que sus oficios serían pagaderos por trimestres vencidos. Algo que, pasado el primero y el segundo, no sucedió, comenzando a recibir largas por parte del Ayuntamiento; sospechando nuestro protagonista que se le había tomado el pelo. Y, sin ahorros con los que mantener a la familia, la necesidad comenzó a entrar en la casa, hasta el punto de que, conforme se dijo por aquellos tiempos, empezó a vivir poco menos que  de la caridad de los vecinos. Después de gastar lo poco que se trajo en las enfermedades que aquejaban a su mujer y a su hija las cuales, fruto de su mala suerte, comenzaron a padecer diversas enfermedades apenas asentado en el lugar.



   La desesperación lo llevó aquel día de comienzos de julio de 1915, a acudir al Ayuntamiento para exigir del señor Alcalde el cumplimiento de su contrato. No estaba el Alcalde, quien lo fue a visitar aquella misma tarde a su casa, y enzarzados en agria discusión, don Alfredo y el primer edil, sacó el Médico un pequeño revólver, después de que el señor Alcalde blandiese una navaja, según se declaró en el juicio y… Tres de las balas disparadas alcanzaron al Alcalde, causándole tres heridas. Una le hirió en la pantorrilla; otra le rozó el hombro y la tercera la espalda. Ninguna de las tres pareció ser de gravedad, de manera que el Alcalde marchó a su casa, donde su mujer le limpió y curó hasta que comenzó a subirle la fiebre y como la cosa empeorase, se avisó al médico de Setiles, quien llegó a El Pobo para atenderlo, limpiarle nuevamente las heridas, anunciar que ninguna de ellas revestía gravedad y que como mucho en doce o quince días todo lo sucedido habría quedado en un mal recuerdo. Don Alfredo se fue a entregar a la Guardia civil, que lo trasladó a la cárcel de Molina, donde quedó a la espera de la decisión judicial.

   La desgracia quiso que una de las heridas, a juicio del médico de Setiles, se infectase, lo que provocó un empeoramiento en la salud de nuestro Alcalde, quien terminó falleciendo en la mañana del día 22 de aquel nefasto mes de julio. Desde que recibió los disparos hasta que fue atendido por el médico pasaron prácticamente 48 horas.

   Recibió sepultura al día siguiente, sin que se le hiciese autopsia. Hubo de ser desenterrado el cadáver días después del funeral para que a petición del Juez de Molina se dictaminase la causa de la muerte, que el forense atribuyó a la gangrena. Una segunda autopsia, ordenada días después de la primera por los abogados defensores del doctor Alegre dictaminó una muerte muy distinta, provocada por una especie de cirrosis que se concretó en un fallo multiorgánico que le paró el corazón. Esta segunda autopsia fue llevada a cabo por media docena de doctores pertenecientes a la Real Academia de Medicina, trasladados con semejante motivo al lugar.

   En medio de la discusión, por cual fue en definitiva la causa del óbito, y a la espera del juicio que lo condenase o absolviese, falleció en El Pobo la mujer de don Alfredo, quedando tan desamparados los tres hijos que hubo de hacerse cargo de ellos la caridad local, provincial y nacional. A través de la prensa comenzó un movimiento sin precedentes para recaudar fondos con los que atender a sus necesidades más vitales. De ellos se hicieron cargo diversas personalidades, hasta que la familia acudió al socorro. Pues el padre, finalmente, fue condenado a toda una vida de prisión. Catorce años, en un juicio cargado de irregularidades, en el que no se admitieron pruebas y declaraciones que de una u otra manera testimoniaban que don Alfredo Alegre actuó en defensa propia, y que la causa de la muerte del señor Alcalde no la provocaron los disparos.

   Madrid se puso a la cabeza de las peticiones de indulto para el médico, y en sus calles se vivieron las más sonadas manifestaciones estudiantiles pidiendo la revisión de la causa, o el indulto Las universidades llegaron a cerrarse y las facultades de medicina y farmacia salieron a la calle para llegar hasta los despachos de los ministros, en solicitud de audiencia. También la provincia de Guadalajara, a una, se levantó contra lo que consideró era una injusticia de la ley, mientras el tiempo fue pasando. Primero los meses y después los años, y nuestro doctor penaba en la cárcel de Guadalajara primero, y en la San Miguel de los Reyes, de Valencia, después. Fue puesto en libertad tras cumplir más de dos terceras partes de la pena, el 10 de junio de 1924.


   Marchó a vivir a casa de su hija, casada con el médico de Alacuás (Valencia); y quiso la mala fortuna que otro de sus hijos, en uno de aquellos entonces llamados arrebatos, asesinase a su mujer y posteriormente se quitase la vida. Lo que causó mayor pesar del que ya tenía encima nuestro don Alfredo, quien terminó ingresando, el 14 de diciembre de 1927, en lo que hoy llamaríamos una casa de salud, donde falleció poco después. Había perdido, como dijeron los periódicos, la cabeza.

   Curiosamente el caso hizo popular a uno de los doctores provinciales más conocidos de nuestra historia reciente, don Francisco Layna quien fue uno de los jóvenes que encabezó las movilizaciones madrileñas en favor del Médico de El Pobo; dirigiendo a los estudiantes como presidente de un creado Sindicato Estudiantil, siendo, junto al defensor del doctor Alegre, don José María Albiñana, uno de los principales oradores allá donde los manifestantes hacían oír su voz. Firmando, para la prensa nacional, sus primeros artículos periodísticos, que vieron la luz en los diarios “La Acción”, y “La Correspondencia de España”. Era, lo que Layna llamó, su primera cruzada por la justicia social.

Tomás Gismera Velasco
Guadalajara en la  memoria
Periódico Nueva Alcarria
Guadalajara, 26 de julio de 2019

sábado, 31 de agosto de 2019

EL BARRENDERO DE COGOLLUDO. Ángel Lanuza se alzó contra Fernando VII, y fue ajusticiado en la plaza de la Villa

EL BARRENDERO DE COGOLLUDO.
Ángel Lanuza se alzó contra Fernando VII, y fue ajusticiado en la plaza de la Villa


   En estos días en los que se agosta Cogolludo, viene a la memoria el tiempo agosteño de hace, prácticamente, doscientos años. Un tiempo agosteño, por lo de los calores y el color de la mies, que nos lleva al 12 de julio de 1822, cuando le dijeron a don Ángel Lanuza, desde la Audiencia de Guadalajara, cuál sería su destino final, después de que tratase de derrocar a su Rey, don Fernando VII.

   Ángel Lanuza pasó a la historia como un simple barrendero de palacio (real) quien, tras jubilarse, regresó a la tierra de sus mayores, Cogolludo, donde cuenta su historia que nació, sin que sepamos cuándo, si es que el nacimiento tuvo lugar en la villa, y en donde se cuenta que terminó sus días; ya que de su óbito dieron cuenta las líneas de la historia.

   No es mucho lo que conocemos de él desde su nacimiento hasta su muerte, salvo que pasó por el palacio real entre 1815 y 1820, desempeñando el ya citado oficio de barrendero, como premio a su destacada labor anterior en pro del reino. Con anterioridad fue carabinero, resultando herido en uno de los últimos enfrentamientos que el pueblo de Madrid vivió contra los franceses en 1814, siendo ese el motivo de que, al ser declarado inútil para el cuerpo en el que servía, se le ofreciese el siguiente empleo. Pasando a la historia como “el Barrendero de Palacio”.



   De aquella acción en la que salió, poco menos que en brazos del heroísmo, tenemos el relato fidedigno de lo sucedido, así como el reconocimiento que tanto a él, como a sus compañeros de valentía se les hizo cuando don Fernando VII, el rey al que defendió, llegó a Madrid tras años de guerra y real cobardía.

   El 5 de abril de aquel 1814, para celebrar la próxima llegada a la capital del reino del deseado Rey, y ante uno de sus retratos, los Carabineros Reales, después de compartir un Te Deum en honor de don Fernando, seguido de la correspondiente comida en la Alameda de la villa de Madrid, fue Lanuza condecorado: El comandante, para dar una prueba del aprecio que le merecen las acciones brillantes distinguió particularmente a los carabineros José Escribano, Ángel Lanuza, Rafael Castuera y al músico Lucio Varela, con el alférez D. Hipólito de Silva, haciéndoles una particular expresión después de haberles hecho comer con él de varios platos.

   Sin embargo Lanuza, como otros muchos de su promoción, pronto se dio cuenta de que Fernando VII no era el Rey que mejor convenía a España. Su absolutismo pronto se vio contestado y protestado por el pueblo, o una parte del pueblo, culminando en alguna que otra revuelta que con intentos de ensayo democrático trataron de derribarlo del trono cuando comenzaba la década de 1820. Para entonces nuestro Ángel Lanuza ya se había retirado de palacio y con media pensión vivía apaciblemente jubilado en su Cogolludo. Hasta que llegó el mes enero de 1822 y todo cambió para nuestro paisano. Se contaba en los periódicos: Por fin se reventó la mina que hace mucho tiempo se nos estaba anunciando en este país, y ¿cuál les parece a Vds. que fue el resultado de tantas combinaciones misteriosas y tantas amenazas? Que Ángel Lanuza, barrendero de palacio y retirado en este pueblo con no se cuánto sueldo, ha seducido a seis u ocho infelices y haciéndose general de  ellos salió en gavilla a reunirse con otros tantos que le esperaban a media legua de aquí…

    Y se armó, como otros dirían, la de San Quintín. Se armó de valor y ascendió  alborotando a los pueblos, hasta la sierra, con la intención de reunir una pequeña tropa que lo acompañase hasta Madrid con el sano fin de quitar del trono a don Fernando. 




   La carta a las autoridades, dando cuenta de lo que estaba sucediendo, en crónica periodística, la escribía, claro está, el juez de la población a quien, según se desprende de su contenido, había prometido Lanuza colgar públicamente en la plaza Mayor, como seguidor que era, y defensor, de las leyes que el pueblo comenzaba a desobedecer.

   Unos días después de que Lanuza con los suyos y sus caballos abandonasen Cogolludo en dirección a Arbancón, el mismo juez volvía sobre sus pasos para decir lo que había escuchado por los contornos:

   Van jurando que esta noche me quitan la vida, pero esta satisfacción no debe llenarles mucho, porque no faltaría otro juez que me reemplazase para su castigo....

   Era el 26 de enero de 1822 y, efectivamente, el juez estaba en lo cierto ya que pasó la noche sin que los facciosos cayesen sobre él. Mientras que a la mañana siguiente, desde Fuencemillán, salían también en su persecución:

   Salió una hora después (del amanecer) con 18 hombres, los facciosos también son 18, entre ellos algunos de Fuencemillán…

   Se referían a la gente de la guardia de la localidad, capitaneados por el juez de Cogolludo, y las tropas de esta villa. También desde Guadalajara partió un cuerpo de ejército en su persecución, mientras crecía la alarma en la comarca y de unos a otros se iban pasando las cuentas de las tropelías y barbaridades que los de Lanuza cometían desde Cogolludo al otro extremo del Ocejón, resguardándose en las estribaciones del Alto Rey. Por donde fue perseguido y detenido apenas media docena de días después de su levantamiento, por lo que no era posible que hubiese cometido tantos desmanes como se le atribuían en una tierra y entorno en el que la nieve ya cubría desde los tobillos hasta la cintura.

   De su detención se hizo eco, con la alegría lógica de saberse libre de sentencia, el propio juez de la villa, don Rodrigo Castañón, tanto como el comandante que llevó a cabo el arresto, don Antonio Lecina, sin que tardasen demasiado en entregarlo a la justicia, formarle causa y celebrar el sumarísimo juicio.

   La causa, claro está, no tenía otro final que el de la pena de muerte. Mucho más después de haber amenazado con quitársela a quien, por aquel extraño designio del destino, era el encargado de juzgarlo, y sentenciarlo; y claro  está, don Rodrigo lo mandó, en lugar de a la horca, al garrote.

   El extracto de la sentencia, confirmada el 12 de julio de aquel año, trataba de ser con todo, justa y ejemplarizante, como decían que era entonces la justicia.

   En la causa formaba por el juez de primera instancia de Cogolludo y remitida a la audiencia de esta capital (Guadalajara) contra Ángel Lanuza, casado, vecino de la villa de Cogolludo, por haberse alzado con otros en cuadrilla y con armas contra el actual sistema de Gobierno, dio sentencia en 19 de junio último por la que condenó a Ángel Lanuza a la pena ordinaria de garrote; a Celestino Carrascosa a 10 años de presidio en África; a Ramón Goné a 8 años en el  mismo presidio con las costas de la causa mancomunadamente si en algún tiempo tuviesen bienes y en el reintegro a sus dueños de los caballos y efectos robados…

   En la plaza Mayor de Cogolludo, unos días después, cuenta la historia, se cumplieron las sentencias.

   Cosas que pasan con las páginas de la historia que, a poco que las palpemos, nos aportan su memoria.





Tomás Gismera Velasco
Guadalajara en la memoria
Periódico Nueva Alcarria
Guadalajara, viernes 12 de julio de 2019




domingo, 19 de mayo de 2019

ATIENZA, CRÓNICA PARDA

ATIENZA, CRÓNICA PARDA



La crónica negra forma parte de  los pueblos. De la vida de los pueblos. El hombre nace, vive y, en ocasiones, mata.

Aquí presentamos una serie de relatos en torno a  sucesos que dejaron huella en Atienza, en cuya villa fueron juzgados y donde, como cabeza judicial, se aplicaron y ejecutaron las penas, cuando correspondió.




Sin duda, hay muchos más, sucesos y casos, que podrán formar parte de otros volúmenes.

Los sucesos y casos que componen el presente volumen nos llevan a desde Atienza a Madrid, para seguir los pasos de “Colás el perista”, uno de los ladrones de guante blanco más famosos del Madrid de los años 30, natural de la villa. A los enfrentamientos políticos del primer decenio del siglo XX, cuando las discusiones municipales se solventaban a tortas; a uno de los crímenes más absurdos habidos en la villa, con el protagonismo de dos mozos de la alta sociedad, y dos reales de por medio; al terrible caso de la sobrina del cura de Rebollosa que se ahorcó en la cárcel de la villa; a la noche en la que ardieron la fonda Molinero o los almacenes Aparicio; a la triste muerte de un anciano junto a la caseta de Cantaperdiz, después de un grave suceso; al terrible caso ocurrido al inicio de una noche de junio a las puertas del horno del tío Aceituno, en la plaza de San Gil…


(Todos los sucesos ocurrieron tal y como se cuentan. Los nombres de los protagonistas han sido alterados y no se corresponden con los de quienes,  en su momento, fueron protagonistas de los sucesos relatados. Cualquier parecido con personajes o apellidos actuales sería, por tanto, mera casualidad, y sin ninguna relación con los tiempos que corren)


ÍNDICE

COLÁS EL PERISTA  /  9

GÜELFOS Y GIBELINOS  /  21

POR UN PUÑADO DE REALES  /  35

CORTE DE PELO A REVÓLVER  /  39

LA PRIMA DEL CURA  /  45

LA CÁRCEL  /  51

NOCHE DE RONDA  /  61

ATIENZA EN LLAMAS  /  73

GALLARDO EN CANTAPERDIZ  83

EL HORNO DE ACEITUNO  /  89



EL  LIBRO:
  • Tapa blanda 104 páginas
  • Editor: Independently published
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 109887496X
  • ISBN-13: 978-1098874964

jueves, 21 de marzo de 2019

CRIMEN EN GUALDA


CRIMEN EN GUALDA


(De la prensa)


   En los días del jueves y el  viernes se ha visto en la Audiencia Provincial la causa seguida en el Juzgado de Cifuentes contra Francisco S. S.,  por muerte del juez municipal que fue de Gualda, Zacarías H., en la noche del sábado  7 de noviembre del año pasado.

Con motivo de las elecciones de concejales venían muy excitados los ánimos en el pueblo de Gualda, dividido en dos bandos, que capitaneaban el muerto Zacarías H.,  y el padre del matador Francisco S. S.

Se dijo a raíz del suceso que los adversarios del Zacarías suponían perdida la elección por la influencia de este, y hasta se afirmó, pero nada se ha probado que decidieron matarle, por lo que fueron detenidos quince vecinos; pero únicamente ha resultado como cierto que Francisco S. A., disparó sobre Francisco H.,  con una pistola, quedando tan  mal herido que falleció a las doce horas.

El procesado ha sido defendido por el reputado criminalista del Colegio de Abogados de Madrid don Gerardo Doval, que en la tarde de ayer pronunció un brillantísimo informe ante la Audiencia provincial, informe que será indudablemente uno de los mejores pronunciados en Guadalajara, por su doctrina sana y contundente, por sus bellas imágenes y hermosos conceptos.

El Sr. Doval ganó con su informe el veredicto de inculpabilidad que le dio el jurado, probando la inocencia de su defendido, acusado de asesinato por el Fiscal señor Bustamante, con la  agravante de reincidencia que implica la pena de muerte y de asesinato sin dicha circunstancia, aunque probada en autos por el acusador privado Sr. Solano, que lleva consigo la pena de cadena perpetua.

El Tribunal de Derecho, en vista del veredicto del jurado, dictó sentencia absolviendo al procesado Francisco S. S., defendido por el Sr. Doval.



(Se publicó el 12 de noviembre de 1904)