Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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miércoles, 16 de enero de 2019

CANREDONDO. El crimen más espantoso de la historia criminal


CANREDONDO. El crimen más espantoso de la historia criminal


En el pueblo de Canredondo se ha cometido uno de los crímenes más espantosos que registra la historia criminal.

Entre los vecinos del indicado pueblo, Saturnino E., y Jorge del A. L., habían mediado al parecer días pasados disensiones de escasa importancia, y en la tarde del 22 de los corrientes se encontraron en la salida del pueblo, y juntos se dirigieron, sin que mediara disputa, y más bien reconciliados, al sitio que el Saturnino tenía su ganado.

Una vez en el sitio, Jorge del A., asestó a Saturnino C., una cuchillada que según dictamen facultativo fue mortal de necesidad, y continuó asestando golpes a su víctima hasta separarle completamente la cabeza del tronco, presentándose en la mañana del 23 a las autoridades de Cifuentes, ante las que confesó el delito.

(Lo publicó la prensa de Guadalajara el 28 de julio de 1897)

martes, 27 de noviembre de 2018

FUENCEMILLÁN. LA CAUSA


FUENCEMILLÁN. LA CAUSA

De la prensa


Ayer se dio ante esta Audiencia provincial la causa contra los hermanos Gerardo y Fidel M.,  por homicidio en la persona de Eugenio C., dependiente de confianza de aquellos, hecho ocurrido en la tarde del 14 de noviembre último en la fábrica de harinas de los mismos, sita en término municipal de Fuencemillán, pero muy próxima a Espinosa de Henares.

Fueron defendidos el primero por el abogado D. José María Solano y el segundo por el conocido criminalista de Madrid D. Mariano Muñoz y Rivero con la representación del procurador D. Lorenzo Esteban y sostuvo la acusación el teniente fiscal D. Felipe Torres, quien después de la prueba retiró aquella respecto del procesado Gerardo M., por no haber tenido participación en el delito.

Tanto las defensas como el Ministerio público pronunciaron brillantes informes.

El Jurado dio veredicto de inculpabilidad apreciando las eximentes de haber obrado el Fidel en defensa de los derechos de su madre y hermano y violentado por una fuerza irresistible respecto de hechos ocurridos y que hacían relación al honor de una hermana del procesado.

Los hermanos M., fueron puestos en libertad inmediatamente.

(Publicado el 17 de mayo de 1900)

martes, 13 de noviembre de 2018



ANGUÍX: MUERTE AL GUARDA

   En el monte de Anguíx, propiedad de los Hernández de Brihuega, tuvieron lugar unos cuantos sucesos de sangre, casi todos ellos por caza o corta ilegal.

   Casi todos ellos se saldaron con la condena de los infractores, y Mariano Parardo, uno de los guardas, no fue ni el primero, ni el último en morir al enfrentarse a los ilegales, a veces, de forma desvergonzada. Pues no era tenido por muy buena persona en la zona.
   También era conocida la afición de los pastores a entrar de forma ilegal tanto a la caza furtiva como a la corta ilegal. Dos de estos, Anselmo Veguillamas y Macario Romadridríguez, ya habían sido advertidos por Mariano Pardomo de que, el día menos pensado, se las verían con él. Las denuncias contra ellos se apilaban en los juzgados, y como quiera que la Guardia Civil ya había intervenido, ambos desafiaron a Pardo, el 12 de enero de 1897 cuando fueron sorprendidos por última vez, a batirse con ellos a duelo de navajas, lo que Pardomo, lógicamente, rechazó. La advertencia de que la próxima vez no tendría piedad para con ellos tampoco pareció arredrarles, antes bien, era Pardo quien tenía miedo de aquellos, por lo que en las rondas por el monte, y por si acaso, se hacía acompañar de un hijo, ya en edad de ganarse las lentejas.
   El 19 de ese mismo enero, Mariano Pardomo volvió a sorprender a los furtivos talando robles, por lo que se fue hacía ellos a advertirles de la ilegalidad, interponiendo la correspondiente denuncia.
   Ninguno de los dos quedó conforme. Antes bien, después de prestar declaración y de recibir la multa correspondiente con amenaza de embargo de sus bienes en caso de no pagarla, se dirigieron a la casa de Mariano Pardomo, aguardaron a que este saliese de ella y una vez que lo hizo, siguiéndole los pasos, se lanzaron contra él acometiéndolo a cuchilladas, con tal saña, que los forenses no fueron capaces de contar el número.
   Como el crimen fuese presenciado por uno de sus hijos, este comenzó a pedir auxilio y aquellos, en lugar de arredrase, se lanzaron hacía él. Sólo la intervención de otros vecinos, que acudieron a los gritos, le pudo salvar de una muerte segura.
   Ambos fallecieron en presidio.

Tomás Gismera Velasco

(Los nombres de los protagonistas han sido alterados)

martes, 6 de noviembre de 2018

UMBRALEJO: EL CRIMEN DEL HIJASTRO


UMBRALEJO: EL CRIMEN DEL HIJASTRO

   El 9 de agosto de 1931 fue hallado en una poza del río Sorbe, en término de Valverde de los Arroyos, el cadáver de Ambrosio E. R., de 32 años de edad, y vecino de Umbralejo.
   El cadáver fue descubierto después de que se encontrasen las ropas de un hombre a la margen del río, sin que el hombre apareciese por parte alguna, por lo que al rastrear las cercanías fue encontrado flotando sobre el agua, aparentemente ahogado.
   Sin embargo la autopsia delató que tenía un fuerte golpe en la cabeza, y que cuando cayó al agua estaba ya muerto, por lo que la Guardia civil de Atienza, y más concretamente el jefe de línea, Aniceto Hita, comenzó a hacer las indagaciones pertinentes en la población. Donde encontraron que corrían rumores de las malas relaciones habidas entre el difunto y su familia. Interrogada esta, uno de sus hijastros, Claudio M. B. de 17 años, se confesó autor de la muerte, por lo que fue detenido.
   La causa de la muerte fue que en una acalorada discusión, y de forma accidental, le había dado un golpe con un garrote, ocasionándole la muerte, y asustado por el suceso trató de disimularlo echándolo al agua para que pareciese un ahogamiento.
   El juez de Atienza, ya que fue trasladado a la cárcel de aquella villa, a la que Umbralejo pertenecía, tras escuchar su declaración ordenó igualmente la detención de la esposa del difunto, y madre del autor de dicha muerte, Francisca B. R., como encubridora, si bien más tarde resultaría que fue la verdadera instigadora del encubrimiento arrojándolo al río, pues ella había sido, según las confesiones del hijo, quien planeó aquella parte de la historia. La mujer fue puesta en libertad unos días después, cuando se comprobó que no había tenido nada que ver en el asunto, y tan sólo trataba de defender al hijo.
   En el juicio oral el joven Claudio, siguiendo el consejo de su abogado, García Campos, negó haber matado a su padre, si bien reconoció que habían discutido y que le propinó el golpe en la cabeza después de que su padrastro lo abofetease, después se marchó y apareció en el agua… La mujer nada sabía.
   Intervinieron en el juicio siete peritos médicos que testimoniaron la imposibilidad de que hubiese muerto por ahogamiento, y la verdadera realidad de que cuando llegó al agua ya se encontraba muerto. Terminando Claudio M. por relatar la verdad de lo sucedido: Habían discutido en el campo, el padrastro lo abofeteó y él, en un arrebato…
   Las penas a las que ambos se enfrentaban superaban los veinte años de cárcel, si bien para Claudio se pedía la perpetua.
   El jurado exculpó a la mujer, que quedó inmediatamente en libertad, determinando que fue el hijo quien ocasionó la desgracia, sin intencionalidad, y aunque la pena le fue rebajada notablemente después de los informes periciales, fue condenado finalmente Claudio M. B. a 8 años y un día de prisión.

miércoles, 10 de octubre de 2018

ALBENDIEGO: EL CRIMEN

ALBENDIEGO: EL CRIMEN


(Así se contó)

Entre siete y ocho de la noche del día 30 del pasado, llegó a su casa de Albendiego, Cecilio R. P., de 21 años de edad, casado, encontrando en ella a su esposa Cayetana R., y a su madre política, María A., quienes invitaron a cenar al Cecilio.

Como este manifestara que quería acostarse, mejor que cenar, su esposa dispuso lo conveniente, y al salir de la cocina disparó dos tiros de escopeta sobre su madre política, que resultó ilesa, pero con una navaja le causó nueve heridas en la cabeza.

Ciego de cólera, el Cecilio cogió a su esposa y la arrastró, causándole además diecinueve heridas.

Una vez cometido el crimen se dio a la fuga y como no haya sido habido, se supone si se habrá suicidado arrojándose a la laguna del pueblo de Somolinos.

(Se publicó el 7 de abril de 1897)