Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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martes, 13 de noviembre de 2018



ANGUÍX: MUERTE AL GUARDA

   En el monte de Anguíx, propiedad de los Hernández de Brihuega, tuvieron lugar unos cuantos sucesos de sangre, casi todos ellos por caza o corta ilegal.

   Casi todos ellos se saldaron con la condena de los infractores, y Mariano Parardo, uno de los guardas, no fue ni el primero, ni el último en morir al enfrentarse a los ilegales, a veces, de forma desvergonzada. Pues no era tenido por muy buena persona en la zona.
   También era conocida la afición de los pastores a entrar de forma ilegal tanto a la caza furtiva como a la corta ilegal. Dos de estos, Anselmo Veguillamas y Macario Romadridríguez, ya habían sido advertidos por Mariano Pardomo de que, el día menos pensado, se las verían con él. Las denuncias contra ellos se apilaban en los juzgados, y como quiera que la Guardia Civil ya había intervenido, ambos desafiaron a Pardo, el 12 de enero de 1897 cuando fueron sorprendidos por última vez, a batirse con ellos a duelo de navajas, lo que Pardomo, lógicamente, rechazó. La advertencia de que la próxima vez no tendría piedad para con ellos tampoco pareció arredrarles, antes bien, era Pardo quien tenía miedo de aquellos, por lo que en las rondas por el monte, y por si acaso, se hacía acompañar de un hijo, ya en edad de ganarse las lentejas.
   El 19 de ese mismo enero, Mariano Pardomo volvió a sorprender a los furtivos talando robles, por lo que se fue hacía ellos a advertirles de la ilegalidad, interponiendo la correspondiente denuncia.
   Ninguno de los dos quedó conforme. Antes bien, después de prestar declaración y de recibir la multa correspondiente con amenaza de embargo de sus bienes en caso de no pagarla, se dirigieron a la casa de Mariano Pardomo, aguardaron a que este saliese de ella y una vez que lo hizo, siguiéndole los pasos, se lanzaron contra él acometiéndolo a cuchilladas, con tal saña, que los forenses no fueron capaces de contar el número.
   Como el crimen fuese presenciado por uno de sus hijos, este comenzó a pedir auxilio y aquellos, en lugar de arredrase, se lanzaron hacía él. Sólo la intervención de otros vecinos, que acudieron a los gritos, le pudo salvar de una muerte segura.
   Ambos fallecieron en presidio.

Tomás Gismera Velasco

(Los nombres de los protagonistas han sido alterados)

martes, 6 de noviembre de 2018

UMBRALEJO: EL CRIMEN DEL HIJASTRO


UMBRALEJO: EL CRIMEN DEL HIJASTRO

   El 9 de agosto de 1931 fue hallado en una poza del río Sorbe, en término de Valverde de los Arroyos, el cadáver de Ambrosio E. R., de 32 años de edad, y vecino de Umbralejo.
   El cadáver fue descubierto después de que se encontrasen las ropas de un hombre a la margen del río, sin que el hombre apareciese por parte alguna, por lo que al rastrear las cercanías fue encontrado flotando sobre el agua, aparentemente ahogado.
   Sin embargo la autopsia delató que tenía un fuerte golpe en la cabeza, y que cuando cayó al agua estaba ya muerto, por lo que la Guardia civil de Atienza, y más concretamente el jefe de línea, Aniceto Hita, comenzó a hacer las indagaciones pertinentes en la población. Donde encontraron que corrían rumores de las malas relaciones habidas entre el difunto y su familia. Interrogada esta, uno de sus hijastros, Claudio M. B. de 17 años, se confesó autor de la muerte, por lo que fue detenido.
   La causa de la muerte fue que en una acalorada discusión, y de forma accidental, le había dado un golpe con un garrote, ocasionándole la muerte, y asustado por el suceso trató de disimularlo echándolo al agua para que pareciese un ahogamiento.
   El juez de Atienza, ya que fue trasladado a la cárcel de aquella villa, a la que Umbralejo pertenecía, tras escuchar su declaración ordenó igualmente la detención de la esposa del difunto, y madre del autor de dicha muerte, Francisca B. R., como encubridora, si bien más tarde resultaría que fue la verdadera instigadora del encubrimiento arrojándolo al río, pues ella había sido, según las confesiones del hijo, quien planeó aquella parte de la historia. La mujer fue puesta en libertad unos días después, cuando se comprobó que no había tenido nada que ver en el asunto, y tan sólo trataba de defender al hijo.
   En el juicio oral el joven Claudio, siguiendo el consejo de su abogado, García Campos, negó haber matado a su padre, si bien reconoció que habían discutido y que le propinó el golpe en la cabeza después de que su padrastro lo abofetease, después se marchó y apareció en el agua… La mujer nada sabía.
   Intervinieron en el juicio siete peritos médicos que testimoniaron la imposibilidad de que hubiese muerto por ahogamiento, y la verdadera realidad de que cuando llegó al agua ya se encontraba muerto. Terminando Claudio M. por relatar la verdad de lo sucedido: Habían discutido en el campo, el padrastro lo abofeteó y él, en un arrebato…
   Las penas a las que ambos se enfrentaban superaban los veinte años de cárcel, si bien para Claudio se pedía la perpetua.
   El jurado exculpó a la mujer, que quedó inmediatamente en libertad, determinando que fue el hijo quien ocasionó la desgracia, sin intencionalidad, y aunque la pena le fue rebajada notablemente después de los informes periciales, fue condenado finalmente Claudio M. B. a 8 años y un día de prisión.

miércoles, 10 de octubre de 2018

ALBENDIEGO: EL CRIMEN

ALBENDIEGO: EL CRIMEN


(Así se contó)

Entre siete y ocho de la noche del día 30 del pasado, llegó a su casa de Albendiego, Cecilio R. P., de 21 años de edad, casado, encontrando en ella a su esposa Cayetana R., y a su madre política, María A., quienes invitaron a cenar al Cecilio.

Como este manifestara que quería acostarse, mejor que cenar, su esposa dispuso lo conveniente, y al salir de la cocina disparó dos tiros de escopeta sobre su madre política, que resultó ilesa, pero con una navaja le causó nueve heridas en la cabeza.

Ciego de cólera, el Cecilio cogió a su esposa y la arrastró, causándole además diecinueve heridas.

Una vez cometido el crimen se dio a la fuga y como no haya sido habido, se supone si se habrá suicidado arrojándose a la laguna del pueblo de Somolinos.

(Se publicó el 7 de abril de 1897)







jueves, 21 de junio de 2018

TRAID. EN LA CALLE DE EN MEDIO


TRAID. EN LA CALLE DE EN MEDIO

Al anochecer del día 1º se hallaban reunidos en la calle de Enmedio de Traid, los vecinos Faustino G. U., Saturnino R. U., Santiago R., Manuel R., Guillermo U., y Félix B.

Faustino G., que es guarda municipal, casado, de unos 31 años de edad, invitó a los demás a tomar un vaso de vino, y como comprendiera que ya había tomado el Faustino más de lo regular, rehusaron el ofrecimiento.

Saturnino R., dio un empujón, dicen que en sentido amistoso al Faustino, indicándole que se retirara a su casa, y el guarda municipal así lo hizo, sin que mediaran más palabras.

Al poco rato volvió Faustino armado de un cuchillo puñal, y sin que pudieran evitar el golpe los presentes, asestó una puñalada al Saturnino en la parte superior del muslo izquierdo en dirección a la ingle, que le produjo la muerte a los quince minutos.

Mientras los compañeros asistían al moribundo el agresor se dio a la fuga con dirección a Molina, y en las afueras de dicha ciudad fue capturado.

El hecho ha producido en Traid la natural sensación, por tratarse de un homicidio, que si nunca está justificado este delito, en la ocasión presente obedece a una causa sutil.

El homicida convicto y confeso está en la cárcel de Molina.

(Así lo contó la prensa, tras el suceso, el 5 de septiembre de 1901)

domingo, 10 de junio de 2018

CABANILLAS DEL CAMPO: LA SIEGA


CABANILLAS DEL CAMPO: LA SIEGA

( De la prensa)


   A anochecer del día de ayer venían por la carretera de Cabanillas unos segadores y al llegar al establecimiento de vinos y comidas de Ortiz, cerca del muelle, entraron a tomar unas copas.

   Desde dicho punto a la caseta de camineros vinieron disputando sobre el pago del vino bebido Anastasio M. H., y Francisco G.

Se agrió la cuestión a la entrada del puente, e interviniendo en ella Toribio L., de 17 años, salió a la defensa de su tío Francisco, infiriendo al Anastasio una puñalada.

El tío sacó una faca y también hirió a su adversario.

El herido, de unos 39 años de edad es natural de Jadraque y vecino de Vallecas. Los agresores son vecinos de Colmenar de Oreja.

El Inspector de Policía D. José Jiménez, que se hallaba de servicio en la Estación, tan luego tuvo conocimiento del hecho, salió en persecución de los autores del crimen, que habían huido camino de los Parrales y al verse perseguidos por la Guardia civil retrocedieron, cayendo en poder del Sr. Jiménez muy cerca del lugar del suceso.

Se hallaba el herido tendido en tierra entre el ventorro del puente y la caseta de camineros, y como al parecer daba pocas señales de vida, dispuso el inspector fuese conducido en un carro al Hospital civil.

Reconocido por el médico forense señor Méndez, le apreció una herida inciso punzante de forma triangular de unos tres centímetros de longitud y de profundidad no precisada anoche, por no perjudicar la herida con la sonda, puesto que se halla sobre la región precordial.

En la región inferior del brazo izquierdo tiene otra herida de otros tres centímetros, que interesa la piel y tejidos musculares, y una contusión de segundo grado en el brazo derecho.

La lesión del tórax es de pronóstico reservado, pues pudiera haber interesado algo la pleura.

Los autores del crimen, Francisco y Toribio, a quienes fueron ocupadas las armas blancas con que hirieron, fueron conducidos a la cárcel a disposición del Juzgado de Instrucción, que incoó el sumario a poco de ocurrir el suceso.

(Lo contó la prensa el 3 de julio de 1901)